Diario de León

TRIBUNA

Derechos humanos, libertad y ‘nombramientos’

Publicado por
Aurelio Miguélez Martínez.
León

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Es una realidad que el ser humano, desde muy antiguo, desea ardientemente ser respetado en sus derechos, especialmente lucha por la defensa de su libertad, valor y derecho típicamente humano. Los derechos humanos inalienables, reconocidos y proclamados en la Declaración Universal en la Asamblea General de la ONU (10 de diciembre de 1948), muy frecuentemente son conculcados de muy diversas formas por algunas instituciones saltándose a la torera ya el artículo 1.º que dice: «todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros».

En la historia de la humanidad ha habido líderes carismáticos que han defendido los derechos humanos, el primero de ellos sin duda ha sido Jesús de Nazaret que apoyaba y defendía a los excluidos y marginados de su época: pecadores públicos, todos los enfermos, los leprosos especialmente, viudas, pobres. En nuestra historia más reciente del pasado siglo XX hombres muy conocidos y apreciados han destacado por su «lucha» a favor de los derechos humanos: M. Gandhi, M. Luther King o Nelson M., especialmente sensibles y defensores de derechos como la igualdad de razas y que han pagado muy caro su compromiso de denuncia y defensa de los «sin voz».

La Iglesia católica, ya desde muy antiguo se preocupó por el ser humano «porque nada de lo verdaderamente humano le es ajeno» y en la primera mitad del siglo XIX reaccionó ante los nuevos problemas planteados por la llamada «cuestión social» que surgió motivada por la revolución industrial, que acarreó graves problemas al mundo obrero.

A dicha problemática intentó dar respuesta la Doctrina Social de la Iglesia, que desde León XIII con su encíclica social Rerum Novarum hasta nuestros días sigue preocupándose por la solución de problemas actuales de la Humanidad. En la Doctrina Social de la Iglesia que hoy está recogida en el «compendio de la Doctrina Social» encontramos «los principios de reflexión, los criterios de Juicio y las directrices de acción como base para promover un humanismo integral y solidario».

Difundir esta doctrina constituye una verdadera prioridad pastoral en la Iglesia. Por esto se lleva a cabo el curso de formación permanente diocesano sobre este tema. «Es importante para la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia porque difundirla forma parte de la misión evangelizadora de la Igelsia» (SRS. 571 y 572).

Pero también nos debemos preguntar ¿se respetan los derechos humanos de la misma iglesia en la relación obispos-sacerdotes laicos? Nos tememos que no siempre; aquí también podemos aplicar lo del «una cosa es predicar y otra dar trigo».

Veamos como muestra cuando se hacen los nombramientos: la persona afectada no es consultada y se le impone cargos sin su consentimiento, sin tener en cuenta sus circunstancias.

Otras veces se resuelven las situaciones al voleo o teniendo acepción de personas para salir al paso rápido pero caciquilmente, pues no se estudia el caso ni cuentan las circunstancias personales de los afectados. La Doctrina Social de la Iglesia que realiza una tarea de anuncio de lo que la iglesia posee como propio «una visión global del hombre y de la humanidad no sólo en el nivel teórico sino en el práctico comporta también una tarea de denuncia del pecado de injusticia, opresión y violación de la libertad personal». Esta denuncia se hace juicio y defensa de los derechos ignorados y se hace más necesaria cuanto más se extiendan las injusticias, especialmente si emanan de quienes tienen el deber de especificar, traducir y actualizar la doctrina social en los aspectos concretos. Es un gran desafío hoy para algunos de nuestros «obispos con psicología de príncipes» saber conjugar autoridad o ¿autoritarsimo? Con obediencia ¿borreguil? Libertad personal —derechos humanos—, valores estos últimos inviolables y sagrados y también se deben tener en cuenta en los nombramientos parroquiales diocesanos.

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