La opinión del lector
¡Revalorización
o desvergüenza!
Hay que poseer una dosis importante de cinismo para, con el dinero de todos los contribuyentes, enviar un documento al colectivo de pensionistas en el que se vierten expresiones tales como «…. para informarle sobre la revalorización de su pensión ….» o «…. la nueva fórmula de revalorización…. garantiza que las pensiones subirán todos los años…. y que nunca podrán ser congeladas…. Seguimos trabajando para conservar un sistema de pensiones sólido, estable y solidario de todos para todos». Resulta, cuando menos, sorprendente tener que soportar sin sonrojarse y encenderse de indignación a sujetos que, sin haber dado un palo al agua en su vida, confunden la mayoría absoluta con el derecho de pernada y amparados en esa mayoría absoluta nos toman, impúdicamente, por tontos.
Es el caso, junto con el presidente del Gobierno y resto de miembros del Gabinete, de la ministra de «Empleo» Fátima Báñez.
El primer despropósito de esta señora, nada más tomar posesión de su inmerecido cargo, fue cambiar el nombre de lo que siempre fue, con alguna que otra variante Ministerio de Trabajo por el premonitorio de Ministerio de «Empleo».
Siguiente despropósito, la reforma laboral. La coartada, reducir las modalidades de contratación para propiciar un sistema laboral ágil y flexible que promueva el aumento de las contrataciones. La realidad, dotar a los amiguetes del instrumento ideal para eliminar derechos adquiridos y despedir a los trabajadores sin indemnización.
Otro despropósito, vaciar de contenido la Ley de Dependencia. Resulta que, hasta hace unos meses, según todos los especialistas cualificados, donde mejor resultaban atendidos los discapacitados, en la medida de determinados niveles de discapacidad, era en el entorno familiar. De repente, donde mejor se les atiende es en centros especializados y por profesionales.
Y por último, por no extenderme más, la joya de la corona, las pensiones. Constituían éstas la raya roja que por activa y por pasiva se encargaron de cacarear bajo ningún concepto iban a traspasar. Menos mal, con la disculpa del aumento de expectativa de vida, la disminución de las cotizaciones y otras zarandajas se inventan, sin encomendarse a nada ni a nadie, una fórmula que ni ellos mismos entienden, para crear confusión y nos la venden como el ungüento maravilloso que va a salvar a pensionistas presentes y futuros de la pérdida de poder adquisitivo. Como al final éstas, con el descenso de la población activa, a todas luces, van a resultar insuficientes, ya que, también, ellos solitos han decidido que se surtan exclusivamente con las aportaciones de las cotizaciones, de nuevo han puesto en bandeja a los amiguetes los suculentos dividendos de los planes de pensiones privados que se encargarán de complementarlas.
¿Vigilancia o usura?
El motivo de estas líneas es compartir un mala experiencia que me ocurrió cuando venía de León a Astorga con mi familia. Eran las cinco y media de la tarde y aunque estaba nublado no llovía apenas. Al pasar por San Martín del Camino un vehículo de la Guardia Civil me mandó parar en el arcén y cual no sería mi sorpresa cuando el agente vino hasta mi coche para informarme de que me acababan de sancionar con una multa de ¡200 euros! por no llevar las luces encendidas.
Ante mi asombro —pues el día había sido lluvioso pero en absoluto se daban en ese momento las «condiciones que reduzcan considerablemente la visibilidad» que específica el Código de Circulación— el agente se mostró intransigente, incluso en un momento dado grosero cuando le pedí que me facilitase su nombre para poner una reclamación. Ante mis protestas fue al vehículo patrulla con mi documentación y después de un rato largo volvió con la denuncia ya cumplimentada. Al darme una copia ponía que me había negado a firmarla, ¡cosa totalmente falsa!
Estamos en crisis y el Estado necesita recaudar pero hacerlo con multas injustificadas me parece muy poco digno para un cuerpo de seguridad como la Guardia Civil. Se supone que está para ayudar a los conductores, no para sancionarlos aleatoriamente y muchos menos faltando a la verdad. Un pago como éste supone un desequilibrio para una economía familiar.