FUEGO AMIGO
La vega de los frailes
Aunque el Cea es un río con más conventos que agua, el ingenio popular ha querido que sean los frailes de Trianos quienes carguen con la fama de perdularios. A medio camino entre Sahagún y Cea, en término de Villamol, se encuentran las ruinas monásticas, convertidas en finca agrícola por la desamortización. Si bien aprovecha la vega fluvial en su emplazamiento, el nombre lo tomó del cerro arcilloso que marca la divisoria con el vecino Valderaduey. La copla popular es contundente: Peceñil y Codornillos, / Villamol y Castellanos, / tienen los hijos a medias / con los frailes de Trianos. Otras versiones sustituyen hijos por trigos, pero esta variante, gazmoñerías aparte, no expresa sino la doble vertiente de aquel dominio.
Lo que queda del convento de Santa María la Real de Trianos se acomoda entre la carretera y el río, del que sangra un caz aguas arriba para mover las piedras de la molienda. El molino, al que se llega bordeando la cerca monástica, presenta un aspecto estupendo, bien rehabilitado y con los alrededores limpios. El paseo por estos sotos fluviales resulta muy grato. En el retorno, se recorren la huerta y los vestigios monásticos de la iglesia gótica. Merece la pena adentrarse entre las ojivas del templo y observar los restos góticos y mudéjares. Resultan muy llamativas las figuras de los capiteles.
Al pie del molino, una puentecilla facilita proseguir la senda hasta el río, cuya ruta indica la alzada de los chopos. El garbeo se completa con la ronda de la cerca, cuyos rotos dan entrada a lo que queda de la huerta monástica. Volviendo del molino, se toma el camino que sale a la derecha de una casona con escudo y galerías. En la huerta sobresale una construcción de ladrillo abierta por cuatro arcos. También algunas laudas con escudos abaciales. La más notable descansa ahora en la iglesia de San Tirso, después de haber servido como sepulcro en el cementerio de Sahagún. Gómez Moreno la sitúa en los comienzos del trece y se recrea con el detalle de su exquisita decoración gótica.
También en Sahagún pueden verse un par de retablos procedentes de Trianos, en San Lorenzo y en el monasterio de Santa Cruz. Lo que desprenden las ruinas del convento es un baño de melancolía. Trianos acogió entre finales del doce y comienzos del dieciséis a frailes agustinos. Luego llegaron los dominicos, que le dieron prestancia con el establecimiento de un Estudio General. Hace unas décadas, los restos de la iglesia cobijaban la maquinaria agrícola de la finca. Ahora son una ruina decorosa e incluso atildada. La cabecera del templo corresponde a principios del trece, con arcos apuntados y capiteles que pueblan arpías y centauros. El resto se amplió con ladrillo en el dieciséis, al llegar los dominicos.