Diario de León

LA VELETA

Análisis político de la economía

Publicado por
antonio papell
León

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El fenómeno no es nuevo pero pocas veces se había presentado con tanta virulencia: desde el debate de la nación, en que Rajoy enarboló la bandera de la recuperación económica las opiniones sobre la coyuntura se han polarizado políticamente con una intensidad incluso pintoresca: quienes apoyan las tesis gubernamentales, empiezan a ver brotes verdes por todas partes, admiten que el desempleo está en vías de solución y pronostican la vuelta al bienestar de antaño para mañana mismo. Ellos son verdaderos patriotas, capaces de ver la realidad sin dejarse arrastrar por dudas extemporáneas o por recelos pusilánimes. Por el contrario, quienes objetan a este optimismo rotundo la evidencia de los indicadores, objetan que a este paso tardaremos décadas en resolver el crónico y gravísimo problema del desempleo, sugieren que habría que presionar a Europa para que la UE buscara con más afán el crecimiento, proponen prudencia en todo caso para no generar falsas expectativas, etc., etc., son, además de desorientados seguidores de ideologías trasnochadas, unos auténticos vendepatrias que no alcanzan a calibrar en toda su magnitud la capacidad de recuperación de este país.

Evidentemente, exagero los términos de la dicotomía, pero con toda seguridad el lector sabrá de qué estoy hablando: hay un argumentario oficial, que tiene la vista puesta en las elecciones del 25 de mayo —y a más largo plazo, en las siguientes elecciones hasta las generales de 2015—, que tiende a convencernos de que la recuperación ya es una gozosa realidad irreversible. Es bien cierto que sólo los malnacidos podrían desear que las previsiones optimistas no se cumpliesen: lo deseable es que la economía mejore rápidamente, de forma que la atribulada ciudadanía de este país deje de penar

Pero ello ha de ser así con independencia de quién gobierne, y no sólo por filantropía sino porque la opinión pública no siempre vota al Gobierno en tiempos de bonanza. Pero, dicho esto, es claro que no tiene sentido criminalizar las críticas que pese a todo se producirán, y que son consustanciales con el pluralismo. El debate económico, muy necesario en nuestros países, es ideológico, qué duda cabe, pero también técnico en muchos aspectos, y siempre resulta enriquecedor. Hoy, por ejemplo, es bueno que alguien diga que para salir con más ímpetu de la doble recesión no basta con nuestro esfuerzo: es preciso que también la Unión Europea, y Alemania en particular, sea más ambiciosa e impulse en mayor medida el crecimiento, que arrastrará a España hacia arriba. O que, tras reconocer el mérito de Rajoy al haberse resistido al rescate, se ponga en duda el acierto de los recortes, que probablemente pudieron haberse hecho más atinadamente. En definitiva, es malo supeditar la economía al electoralismo porque la vehemencia puede hacernos incurrir en crasas equivocaciones.

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