FRONTERIZOS
La conjura de los necios
Es muy conocida la dramática historia de John Kennedy Toole. Deprimido tras ver como su novela era sistemáticamente rechazada, se suicidó a los 31 años al considerarse un escritor fracasado. Una década después, la tenacidad de su madre consiguió al fin que la obra se publicara en una pequeña editorial.
Aquella divertida novela era La conjura de los necios , que obtuvo el Premio Pulitzer en 1981 y se convirtió en una obra de referencia en la literatura internacional. Kennedy Toole abría la historia del disparatado y quijotesco Ignatius J. Reilly con una cita de Jonathan Swift: «Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él».
De más allá del Manzanal tiene uno menos conocimiento pero, lo que es en este lado de la Provincia Interior no tenemos constancia de que quede genio alguno. Si existiera o existiese ejemplar que pudiera responder a ese prototipo, hace tiempo que hubiera emigrado a climas económicamente más propicios, socialmente más ventilados y culturalmente menos pazguatos.
Y, sin embargo, aunque carente de genios, la máxima de Swift que sirve de epígrafe a la novela de Toole parece cumplirse al pie de la letra sobre estos valles del Sil, silenciosos sufridores como pacientes de hemorroides de una aparente conjura. No sabemos si de necios, pero sí de su compromiso con traza de juramentación para su asfixia y derrota.
A uno le gustaría ser más avispado, tipo Pedrojota. Estar dotado para esas teorías conspirativas en las que todas las piezas del complejo rompecabezas encajan milagrosamente, aunque sea sometiendo a presión a sus componentes de manera que la verdad no ose estropear una buena historia.
Si fuera así, uno ya habría comprendido el mecanismo de la maquinación contra esta tierra y advertido quién está detrás del complot. Fuerzas muy poderosas, sin duda. Nada por debajo del Club Bilderberg, la Trilateral o los neotemplarios, que ya lo dejó dicho Umberto Eco: «donde hay un misterio, detrás habrá un templario».
Pero como uno está falto de talento hasta para lo conspirativo opta por lo contemplativo y se limita a lo notarial, tomando nota de la nueva puñalada que se avecina en torno a la Ciudad de la Energía. Un proyecto de vago y accidentado alumbramiento, que parecía dispuesto a convertirse en la MSP del siglo XXI y está acabando en espejismo puesto en confusa liquidación.
Suenan frente a la afrenta tambores de movilizaciones, mucho se teme uno que más fotogénicas que reparadoras. Tal vez sea todo más simple. Bastaría con localizar a los necios conjurados, escribir luego una novela y suicidarse colectivamente ante el fracaso como narradores de nuestra propia historia.