EDITORIAL
Cobardía miserable ajena al deporte base
Lo ocurrido este sábado en el Bosco no puede enturbiar en ningún caso la ingente labor que desarrollan decenas de voluntarios que dan vida a algo tan fundamental como es el deporte base. Cada día —hoy mismo al anochecer— por todos los rincones de la ciudad y de la provincia habrá personas que sacrifican su tiempo e incluso en ocasiones su dinero para entrenar a niños en diferentes deportes. Un trabajo de un calado social tan profundo que probablemente nunca será debidamente reconocido.
Dar a conocer esos valores que conlleva el deporte, ayudar en la formación física para batallar contra el sedentarismo e incluso ofrecer una oportunidad para hacerse un hueco en un equipo de mayor altura son algunos de esos éxitos que sólo se consiguen con mucha voluntad, paciencia y ganas de pasar frío.
Pero toda esta realidad tiene desde hace cierto tiempo un grave problema. Cuando llega el fin de semana y la disputa de los partidos se acercan a los campos personas que no entienden lo que es el deporte base. Y creen que lo importante es ganar y que cualquier fórmula es posible. Incluso en ocasiones avergonzando a su propio hijo o hija, dando voces para insultar o amenazar al árbitro o a los rivales.
Todo eso se vio sobrepasado este sábado con un acto miserable y singularmente cobarde, porque el árbitro agredido tiene 16 años. Un auténtico insulto para todos los que se esfuerzan por el deporte base. Frente a lo ocurrido hay que ser intolerantes.