Diario de León
Luis Urdiales
León

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Bastaba con una recopilación de las últimas obras completas de la UPL, hasta la revelación de Valderas sobre las tierras que brillan por la noche en la vega del Tuerto, para comprender el estado menguante que ofrece aquella formación que pudo ser —fue— la única cosa buena que heredó León de Martín Villa. Sólo los destellos del cadmio en los plenilunios de invierno pueden explicar la torpeza de alinearse con la yunta desde el escaño del bienestar de Valladolid que le alquilaron por cuatro años los únicos votos de rebeldía contra el sistema que les quedaban hace tres años a los habitantes de este lugar, llamado solar en el lenguaje del populacho y entre los funcionarios del catastro.

Ya no hace falta que se lo explique a las juventudes leonesistas, que engrosan la lista de bajas del partido que pasó en poco más de tres lustros de oler el guiso del Congreso de los Diputados a la pestilencia en la trastienda de la tripería que montó el socialismo en aquel capítulo glorioso de la historia reciente de España, que relata la entronización de ZP y colegas. Los cachorros se bajan en marcha del viaje a ninguna parte que lleva la nodriza a un horizonte electoral tan próximo como titubeante, que a la vez salpica de optimismo al crisol de aspirantes al hueco institucional que se atisba después de las pompas fúnebres que se oficiarán sobre los restos mortales del naufragio de la tercera opción de los leoneses cada vez que les han abierto las urnas del 92 a esta parte (la segunda, por momentos, hasta que se dejaron seducir en el diván del PSOE). Una baja en la UPL no alcanza la relevancia política de la deserción de Saurina, pero crea aclarados y apuntala las tesis que trabajan los observadores que hoy, ya, se afanan en anticiparse al 2015. Los que vaticinan que Ordóñez podrá elegir despacho entre Ordoño o San Marcelo se aventuran con un par de negociados para los de la agrupación electoral, los mismos a los que Carrasco sacó a latigazos del templo del bien vivir del empedrado y las cenas en París, que ya no se resisten a estar otros cuatro años sin rascar en el presupuesto oficial y sin reverencias periodísticas mientras se hinchan a riberas en la calle Cervantes. Para el pleno al quince falta que Vox regale el smartphone. A las llamadas de unidad del leonesismo han acudido hasta ex alcaldesas de Izquierda Socialista.

Como el CDS en el 82, la UPL va a terminar por caber en un taxi.

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