Diario de León
Publicado por
mANUEL ALCÁNTARA
León

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El azar, que todo lo gobierna, ha hecho coincidir la muerte de Adolfo Suárez con la mayor excursión de indignados que recuerda Madrid. Hasta las almenas del castillo llegaron los protocolarios llantos y los elogios de los desertores, pero la vida sigue y los que no tienen lo suficiente para vivir, tampoco tienen tiempo para duelos. Decenas de miles de personas, cada una de su padre y de su madre patria, pidieron a voz en grito el fin de los recortes. La implacable tijera ha dejado sin nada a los que tenían muy poco. En vez de banderas debieron traer manteles, porque en principio no se trataba de una manifestación política, sino ciudadana, aunque hubiera muchos enmascarados. El combate iniciado en este asalto está programado a bastantes más. Pobre Madrid, convertido en manifestódromo. La Puerta del Sol se trasladó a la plaza de Colón y el parte de guerra arroja un centenar de heridos, la mitad policías, y más de veinte prisioneros.

Los esfuerzos gubernamentales por conseguir que las manifestaciones se hagan de noche y en las afueras, donde la ciudad pierde su nombre y nadie sale de su casa, han fracasado.

Los que han tomado Madrid se irán, como siempre, a tomar por otro sitio. La voz del pueblo es la voz de Dios, pero no la oye ni Dios, que no tiene audífonos y, aunque los teólogos afirman que es blando de corazón, sigue siendo duro de oído.

La guerrilla madrileña, legítima en su origen, iba provista de lanzacohetes, de acero y de clavos, que son las mejores municiones para perder la batalla de la legitimidad. Cuando no se puede sacar nada en limpio hay que conformarse con la suciedad y elegir entre los que tiene razón y la han perdido, y los que no la tuvieron nunca y no pueden encontrarla.

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