TRIBUNA
Letanía a la sombra de un fracaso
En esta misma tribuna de opinión, dijo hace tiempo el Sr. Amilivia, siendo entonces alcalde de León: «Hoy día se hurga en nuestra historia, no sólo como fórmula de reivindicar un glorioso pasado, sino, especialmente, con el fin de buscar argumentos para justificar divisiones y enfrentamientos». El actual presidente del Consejo Consultivo habla, más bien, de invidentes leoneses trasnochados que no ven el claro futuro y excelente porvenir que nos aguarda con la actual ligazón autonómica. Pero lo cierto es que León sólo podrá recuperar su autogobierno y pujanza si le echa los redaños suficientes para ser independiente cuando, llegada la hora de modificar la Constitución, se produzca una desmembración de la actual autonomía de Castilla y León. Es el único modo de acabar con este actual engendro de nueve provincias desconectadas entre sí, que tanto daño ha causado y seguirá causando a la economía de esta tierra que pisamos no sin la colaboración de paisanos pesebreros. Pongamos un ejemplo muy reciente.
Hace unos días se falló el Premio de las Artes de Castilla y León 2013. Entre los candidatos y candidatas estaba nuestra hija adoptiva Margarita Morais Valles. Concurrían a su favor importantes méritos, como la extraordinaria labor desempeñada en fomentar y desarrollar la cultura musical, muy especialmente en lo concerniente a la formación y especialización de jóvenes intérpretes de todo el mundo a través de la prestigiosa Fundación Eutherpe. Su candidatura se hizo en olor de multitudes, cuando el señor alcalde, en nombre del Ayuntamiento de León, se colgó el medallón de desvelarla solemnemente en el Auditorio el día del nombramiento. El premio ha recaído en Lola Herrera y Concha Velasco, dos estupendas actrices, dicho sea de paso. Pero que el premio haya recaído compartido en dos vallisoletanas —la sombra de Pucela es alargada— y exclusivamente del mundo de la escena, pone en evidencia el poco peso de nuestras autoridades locales y provinciales para defender lo nuestro. Si las bases del premio no impiden que sea más de uno el agraciado, ¿por qué no tres y alternando distintas artes y provincias? En el caso de Margarita tampoco se ha sabido poner en valor la trascendencia universal de ser muchas las personas beneficiadas a través de ella y su Fundación, algunas ya con gran prestigio internacional. En el caso de Herrera y Velasco no se sale del círculo cerrado y personal de su excelencia artística. En fin, ha sido un fiasco para quienes teníamos la esperanza en el éxito de Margarita, si bien no estábamos completamente seguros de que se hubiesen tocado todos los oídos, hilos y palillos que es obligatorio mover en estos casos. No resta sino acudir a nuestro muro de las lamentaciones, en la muralla de la calle Independencia, y entonar lastimeros:
«¿De qué te vale, León, fueses reino tan temido en la España medieval, que hasta el moro lo sentía con un pánico cerval, si perdiste dos costillas de tu espinazo dorsal: al Este, lo fue Castilla, y al Oeste, Portugal; teniendo siempre al gallego en constante rebelión por su natural mudanza, minifundio y migración? ¿De qué te vale, León, de asturiano ser pariente, si al llegar la autonomía no quiso tu compañía por quererla independiente? ¿Y que fluya a sus hogares agua de tus manantiales, en torrente y a raudales, teniendo tus comarcanos que beber agua estancada en embalses y pantanos? ¿De qué te vale, León, tener hogar en Madrid, si ordena Valladolid, como obligada apostilla, matrimonio con Castilla; y si ello no es así, te amaguen desde Pucela que ya no habrá subvención, quedándote, a la sazón, como quien dice a dos velas? ¿Y ante tal humillación, no quepa otro lenguaje, aunque sea de importación, que repugnante «chantaje»? ¿De qué te vale, León, tener dos grandes tesoros: en el subsuelo, el carbón, en superficie tus coros, si se dice que el carbón tiene pocas calorías y los coros son pequeños y escasa categoría? ¿Y que corista y minero sólo tendrán de sustento unas pequeñas migajas y lo que puedan sacar de su propio emolumento? ¿De qué te vale, León, tantas juntas vecinales, si van a ser traspasadas con sus bienes comunales a más altas entidades, la mayor parte endeudadas por torpes autoridades; cuando es un golpe mortal a todas las pedanías, que sin un coste real llevarán su economía como destino fatal a morir de apoplejía? ¿De qué te vale, León, si cuando no hubo dinero por asistir a los plenos de la Caja España-Duero, una dama postinera de la entidad consejera se dice que le dijera a un esbelto compañero: «Si no percibo, me muero, y por eso me voy fuera». También dice que se opuso a la cuantiosa sangría de pingues jubilaciones por creer que era un abuso de directivos trincones. ¿Por qué no lo dijo entonces, esta señora tan lista, y en cambio lo dice ahora a unos cuantos años vista? Dama de Cuadros la llaman, porque en Cuadros la nacieron, pero no dama de honor como fue la de Arintero, que de hombre disfrazó para ejercer de guerrero y con saña la mataron, no por vestir de visón, mucha foto y buen joyero, ni poner por condición estar siempre en candelero como la dama anterior. ¡Ay, León, venga a nosotros tu reino, que aquel que antaño existió y gloria mucho te dio, ahora ni sueña despierto, porque en su ser y existir es un vivo como muerto! Como Cristo pronunció que su reino, a la sazón, ya no era de este mundo; ya ni reino ni nación ni cuna que lo arrulló es León de nuestro mundo, y sólo de la ilusión vive en un sueño profundo».