Diario de León
Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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La reciente convocatoria en Bruselas sobre despoblación nos alerta del declive de un centenar de pueblos leoneses que padece la lima del desaliento. Desde luego, no son los únicos, pero sí aquellos que ahora mismo se encuentran en tránsito hacia la frontera sin retorno. Desde los años sesenta, suman centenares los pueblos españoles que se quedaron sin habitantes. Sólo en León, cinco embalses se tragaron treinta y dos núcleos en cuarenta años, entre 1947 y 1987. Cada cual con su épica, porque no eran pueblos destinados a la desaparición. En nuestra Comunidad, hay comarcas periféricas despobladas y los pueblos sin nadie ya superan el cuarto de millar. A veces, ese abandono se recupera de forma fugaz o por la instalación de jóvenes alternativos. En los Montes de León, en la frontera entre Maragatería y El Bierzo, la revitalización del Camino de Santiago recuperó el pulso de Foncebadón, mientras una comuna plurinacional devolvió hace años la vida a Matavenero.

Otros intentos de rescate fracasaron, como ocurrió en Primout, por la protesta de sus naturales, que ahuyentaron a los advenedizos. En todo caso, la geografía regional muestra abundantes testimonios de abandono, desde La Bureba a Las Loras o Treviño. En Bárcena de Bureba, el alcalde rechazó el suministro eléctrico en los cuarenta y aquella decisión supuso el epitafio. Otros lugares, como Albacastro u Ochate cargan con una aureola de malditismo y almas en pena. En Albacastro, la saludadora o bruja buena que cuidaba el bienestar del pueblo, de sus animales y cosechas, fue ejecutada por los vecinos juramentados en concejo. Nunca se encontró al autor del crimen, porque fueron todos a una, como en Fuenteovejuna. Pero aquella maldición desalojó la vida de sus casas y sus calles, que sólo ahora empiezan a recuperar unos profesores. Ochate fascinó durante años a los buscadores de ovnis.

Podría proseguir el repaso recorriendo el mapa, del poniente berciano a las estribaciones de la Sierra de Gistredo, de la montaña del Esla a Fuentes Carrionas o La Pernía, de la Tierra de Sepúlveda a la Sierra de Ayllón, de la Sierra de Pela a las Tierras Altas sorianas, de la frontera hurdana salmantina al Campo de Peñaranda, del mismo entorno de Villafáfila a la Sierra de la Culebra zamorana. Pero no se trata de agobiar y añadir más angustia a los menguantes vecinos de esos pueblos nuestros que atisban el precipicio. Ni siquiera la centralidad geográfica garantiza su pervivencia, como sucedió en Valladolid con Villacreces, pueblo vecino de Arenillas y Grajal, con Honquilana, al pie de la autovía entre Medina del Campo y Arévalo, o Almaraz de la Mota, que despedía al Sequillo hacia su encuentro en Zamora con el Valderaduey. Cada cual con su historia de derrota.

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