NUBES Y CLAROS
La competencia
Dos cosas ciertas: hay posturas que nunca llegarán a encontrarse, y debates que no acabarán jamás, alimentados por legiones de enconados defensores-detractores en posesión cada bando de la razón y la verdad. Y una tercera más cierta aún: pretender que los otros se desintegren y desaparezcan sin dejar rastro para salirnos con la nuestra es tan infantil como ineficaz. Del resultado de hacerse mala sangre con eso hizo un brillante diagnóstico Carrie Fisher: «El rencor es tomarse un veneno y sentarse a esperar que el otro se muera».
Que la convivencia entre la parte más o menos santa de la Semana y las efusiones a Genarín es irresoluble (y además sería mucho más aburrida) es otra evidencia. En la que hace unos días vino a poner una original mirada un empresario tecnológico, argumentando la teoría de la competencia económica. «A ningún empresario se le pasa por la cabeza pedir que eliminen a sus competidores. Simplemente tiene que esforzarse en ser mejor que ellos para tener más relevancia y más negocio». Sólo puede añadirse un «elemental, querido Watson»; pero nadie lo había planteado así.
Al margen de las cuestiones de orden público, que para eso están las leyes, ordenanzas y agentes de la autoridad; pretender que desaparezca la celebración del orujo y el paganismo es un empeño baldío e injusto, porque cada cual tiene libertad para celebrar o no lo que considere, dentro de los límites que para todos se establecen.
Molestan deslices muy extendidos, como hablar de San Genarín, cosa que creo que provoca tantas escoceduras a los que respetan a los santos como al borrachín, que nunca pretendió ser tal cosa. Pero es necesario encontrar espacios compartidos, igual que a nadie por más ajeno que sea al sentimiento religioso se le ocurre pedir que los papones vayan a procesionar a La Candamia porque el follón de tráfico que se organiza es de agárrate.
El razonable empresario (Rodríguez Fraile) lanzó otro reto más difícil si cabe a los promotores de la Semana Santa, y a este sí que deberían dedicar esfuerzo y rebajar soberbias y protagonismos. «Los empresarios hemos tenido que unirnos para llegar allí donde solos no hubiéramos llegado nunca».
Respecto a papones y genarines, escuchar algunos encendidos argumentarios me trae a la memoria aquella reflexión de Marilyn Monroe sobre los muchos artículos que la despellejaban: «Siempre sentí que mostraban más acerca de sus escritores que de mí».