Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS FRANCO
León

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Tiene difícil arreglo esto del campus berciano. Dejamos pasar los días de barra libre como si la cosa no fuese con nosotros y ahora nos encontramos con un paisano a medio vestir —o desvestir, según el famoso prisma con el que se mire—.

A fuerza de dejar escapar trenes, nos hemos dado de bruces con una realidad en la que estamos, no ya en el furgón de cola, sino en vía muerta y con el billete sacado hacia ninguna parte. Tanto se han respetado las formas y el supuesto armisticio firmado entre formaciones políticas en torno a este enclave de nuestra enseñanza superior que ahora nos encontramos sin margen de maniobra cuando los días de todo vale han llegado a su fin.

Un campus fruto del esfuerzo de todos, capitaneados en sus orígenes por aquella corporación que unía a una sociedad berciana reivindicativa —y de la que no quedan ni los rescoldos, como se pudo comprobar cuando a la manifestación en defensa del campus sólo acudieron tres centenares de personas— y que se fue materializado con ese maná de fondos mineros que lo regaba todo en tiempos de abundancia.

Sin embargo, como malos corredores de fondo, cuando los peores repechos parecían quedar atrás, se levantó el pie del acelerador. Se dejó de tutelar el proyecto, se dejó hacer y, por acción u omisión, se condenó al campus a la mediocridad y a su paulatino languidecimiento. Se escaparon oportunidades unas veces, y se pinchó en hueso en otras con las que la Universidad sacaba pecho, sin arriesgar réditos propios, como debería haber hecho.

Todos somos responsables de que este ilusionante proyecto se haya quedado en un bonito florero y poco más. Una moderna infraestructura infrautilizada, y con la que no se sabe, bien a las claras, qué tecla hay que tocar para sacarle rendimiento.

Sólo hay que dejar volar un poco la imaginación para adivinar cuál fue el tema central de la última reunión que mantuvieron el rector de la Universidad de León, José Ángel Hermida y el flamante fichaje para poner en orden la Ciudad de la Energía, Eduardo Castiñeiras («¿ No necesitarás unos edificios seminuevos ?», «¿ y tú no querrás un campus poco usado ?»). Dos ilusionantes iniciativas que van camino de diluirse como un azucarrillo. Quedarán sus armazones para recordarnos lo que pudo haber sido, y los floreros en que finalmente se convirtieron.

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