Diario de León
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ERNESTO ESCAPA
León

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La muerte del escultor Subirachs, consagrado con Gaudí en Barcelona, realza su excepcional intervención en el santuario de La Virgen del Camino, en los años previos al concilio. Aún estaba fresca la censura de Oteiza y Chillida en Aranzazu, «extraviados por las corrientes modernistas». Tampoco aquí las cosas sucedieron de forma pacífica. Como había dinero indiano de Pablo Díez, el obispo Almarcha y el arquitecto Torbado se hicieron su composición, disponiendo el traslado del palacio barroco de los Prado de Valdetuéjar para ampliar el santuario. Ya tenían experiencia con la mudanza de Eslonza para la nueva iglesia de Renueva. Pero los donantes no estaban dispuestos a patrocinar un proyecto vulgar ni a fiarse de cualquiera. Por eso, con enfado de Almarcha, impusieron la gestión de los dominicos, quienes enseguida despacharon al arquitecto diocesano, cuyas propuestas les parecían un remiendo.

Estos manejos no resultaron gratis. Al obispo hubo que contentarlo con la donación del palacio para construir el hospital diocesano de Regla, pero el arquitecto Torbado enredó lo suyo, impugnando la demolición del santuario ante Bellas Artes, hasta que recibió una sustanciosa compensación. Los dominicos querían imprimir al santuario y a sus colegios anexos una imagen moderna, alejada del pastiche escurialense que les habían endosado el arquitecto Menéndez Pidal y el escultor Lapayese en la casa matriz de Caleruega. Era el tiempo en que la orden acogía a profesionales destacados, como el arquitecto jiennense bautizado fray Francisco Coello de Portugal. Más tarde, ya en los sesenta, recalaría en La Virgen del Camino el torero Mondeño y alguno de sus colegios fue escenario de Las corrupciones, la novela generacional de Torbado. El proyecto de Coello incluía las dependencias colegiales, que se extienden al otro lado de la carretera, y el santuario, que se adorna con magnífica escultura expresionista de Subirachs y vidrieras de Rafols Casamada. De lo antiguo, solo mantuvo el retablo barroco.

Lo más llamativo de la obra de Subirachs es el Apostolado que sirve de fondo a las fotos de boda, en el que los discípulos de Jesús se distribuyen en torno a la Virgen solos o agrupados en parentela. La vidriera que les da respaldo simboliza la pesca de la evangelización. También son de Subirachs las puertas de bronce y los crucifijos interiores. Cierta fama propiciatoria de san Froilán en el bienestar de las parejas, para quien le toque la nariz, ha hecho que le brille la cara de caricias. La sala de exvotos conserva el arca y las argollas del cautivo traído por la Virgen, mientras las portadas del viejo templo adornan la explanada del Vía Crucis, en la que se alza el mástil del campanario, faro de los peregrinos.

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