AQUÍ TE ESPERO
Yo invito... y
Tú pagas. Este parece el lema de nuestros gobernantes durante muchos años. Hubo quien prometió (eso no cuesta) y ahora echan en cara que no se concluyan proyectos que no se habían ni iniciado.
Soy de los que creen que si una cosa se quiere hacer, se hace. Zapatero prometió muchas cosas a León, pero realmente concluyó el aeropuerto, el Inteco, el paso a nivel y la estación provisional... el resto las esbozó en proyecto incluso las inició (Ciuden), pero no destinó las partidas correspondientes para acabarlas. Llegó la crisis, no hay dinero, y los que se acuerdan de las promesas reclaman que se cumplan... No es lógico. El que invite, que pague.
Viene todo esto a cuento del teatro Emperador. Al entonces alcalde le desapareció un problema, con la compra por el Gobierno para destinarlo a centro nacional de músicas históricas. El propietario se embolsó un dinero que no hubiera visto de otra forma, mientras el teatro se iba deteriorando. Fue otro regalo envenenado para el siguiente inquilino de La Moncloa, que no sólo heredó un país con deudas astronómicas, sino un montón de proyectos descabellados a los que hacer frente y que, en caso de no sacarlos adelante, podían crear gran malestar entre los ciudadanos que sólo ven que otro proyecto más se va al garete.
León nunca fue Jauja, aunque a veces nos lo pareciera. Pero la realidad acaba imponiéndose. Y cuando no hay dinero es necesario mirar mucho en qué se gasta y las músicas —por muy históricas que sean— no son una prioridad. Creo que el poco dinero que se pueda destinar a León en los próximos años estará mejor dedicado (me voy a olvidar —porque está consignado y la maquinaria sigue adelante— del pozo sin fondo del Palacio de Congresos, donde se van unas cantidades que se necesitarían para otras cosas) al soterramiento de las vías para sacarnos de ese fondo de saco en el que no les importó meternos para quitar el paso a nivel, aunque se ha demostrado peor el remedio que la enfermedad.
Pero el actual Gobierno no tiene el don de la oportunidad y podía haberse ahorrado las críticas al hecho de irse con las músicas a otra parte y poner en venta el Emperador con una depreciación de un millón de euros. Lo más seguro es que no se venda, pero el chaparrón ya le cayó encima por el hecho de anunciarlo. Pero no quiere seguir pagando las invitaciones de otro.