Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Al presentador de Cuarto milenio le dejaría las llaves de mi ovni nuevo o el ectoplasma de la bisabuela, en el caso de tenerlos. Lo que no le dejaría jamás es un hallazgo científico, con lo que cuesta exclamar ¡eureka! Al programa de Iker Jiménez se le notan los medios. Si algo no existe, lo recrean con actores. Pasan de los agujeros negros al hombre lobo, de las pirámides a las caras de Bélmez. Supongo que el propio presentador ha de hacer esfuerzos para no desternillarse en el plató. Choca que Margarita Torres se haya prestado a ir a hablar en el mismo de su libro, que no es una secuela de El código Da Vinci sino una investigación seria sobre dónde se encuentra el cáliz que podría ser el considerado desde el siglo XI como el Santo Grial. Toda promoción editorial conlleva buscar el foro apropiado para difundir cada obra. ¿Lo es Cuarto Milenio ? Jiménez y su equipo abordaron otros casos muy enigmáticos: alguien que creía haber fotografiado al Yeti o al Bigfoot, canibalismo, la peste negra, un anillo mágico... Quienes abogan porque el cáliz de la catedral de Valencia es el Grial también contaron en su día con un reportaje en este programa. Ya, pero no es consuelo.

Torres debe explicarse en las tribunas adecuadas, dada la trascendencia de lo que mantiene: que la Santa Copa es el cáliz de doña Urraca, guardado durante siglos en San Isidoro. La divulgación tiene reglas de credibilidad. Lo que ofrecen Jiménez y su equipo es fritanga esotérica. ¿Qué tiene que ver dicho descubrimiento con las fantasmadas? Cuarto milenio es espectáculo bien realizado, pero no puede ser tomado en serio pues tampoco lo pretende. A los autores de Los reyes del Grial la publicidad le está saliendo gratis, pueden permitirse seleccionar. El programa casi alcanzó el millón de espectadores y tuvo un 7% de share, que posiblemente repercuta en ventas. ¿Compensa más allá de los derechos de autor? Espero que nuestra paisana reciba con afecto esta reflexión crítica, pues con afecto la escribo.

Mientras, el Ayuntamiento de Valencia anuncia una gran campaña publicitaria sobre el grial custodiado en su ciudad. Al enterarse, mi vecino el leonesista extremo ha dejado de silbar Paquito el Chocolatero. Él se lo pierde.

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