Diario de León
Publicado por
ANTONIO MAnILLA
León

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Tengo para mí que hay dos descubrimientos sin los cuales la humanidad no habría llegado a donde está, este siglo XXI que hasta la fecha tampoco es gran cosa y nació un poco abollado y violento, a saber: las conservas y el libro, ese objeto para el que se augura una inminente caída en desuso especialmente por aquellos que no es que hayan hecho nunca mucho uso de él más allá de la enseñanza obligatoria.

Conservas y salazones han permitido al hombre salir de la tribu y viajar, aventurarse en otras civilizaciones, sin ellas habría sido imposible el enriquecedor mestizaje de razas y culturas porque uno no se imagina a Pizarro adentrándose a espadazos por el imperio inca con una dieta exclusiva de piñas y chirimoyas, sin la seguridad de contar con un buen jamón extremeño para las ocasiones especiales. Esto es así, entre otras cosas, porque tiene el incontestable aval científico del ex gobernador de California Arnold Schwarzenegger, quien en su última película le espeta a un tipo que le aporrea flojo: «Pegas como un vegetariano». No hace falta extenderse más ni abrumar al lector con citas superfluas.

La escritura surgió para llevar la contabilidad hace casi cuatro mil años en lo que hoy es Irak y rápidamente se humanizó, con sus lógicos altibajos: mientras en la Grecia ancestral eran las prostitutas las depositarias del arte de la lectura, en el medievo este don pasó a los monjes en los conventos. Entonces se leía en alta voz, el libro era sucedáneo de lo oral, ni tan siquiera se puntuaban porque no existía aún la sintaxis. Con la aparición de la imprenta, se democratizaría el saber y así hasta ahora, cuando cualquier choni televisiva es más leída —por lo alto al menos— que un Merino o un Trapiello o un Llamazares.

Más de 500 años de historia, ¿van a irse al traste por la competencia de la imagen o la aviesa compañía del libro digital? Se decía lo mismo de la radio cuando apareció la televisión y no fue así. En el peor de los casos, los amantes del más asombroso instrumento que el hombre se ha dado, del que Borges dijo que era una extensión de la memoria y de la imaginación, no vamos a verlo, eso lo tengo por seguro. Y los que vengan detrás, que arreen.

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