Diario de León
Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

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Algunos de nuestros montañeses más arriscados, para combatir las inclemencias del invierno, adoptaron la costumbre de levantar la casa por los Difuntos y trasladarse con familia, enseres y animales de rumia o domésticos a zonas más cálidas. En Babia se les conoce como vaqueiros de alzada e incluso hay un pueblo, Torrestío, que exhibe en su nombre esa condición estacional, de lugar de veraneo. Ahora el ayuntamiento de San Emiliano se propone recuperar aquel itinerario trashumante de los vaqueiros en una travesía de tres etapas, desde la marina a Torrestío.

La antología literaria de este pueblo de pastores abarca de Jovellanos a Luis Mateo Díez, pasando por el andariego Víctor de la Serna o el más sosegado Juan Antonio Cabezas. Desde el escrutinio de Jovellanos a Ponz, donde revisa origen y costumbres de estas gentes ambulantes, y que un siglo después aprovecha Gil y Carrasco, hasta la minuciosa confidencia de Cesáreo Alba a Luis Mateo, con una singular parada en La montaña rebelde , de Cabezas. La novela de Juan Antonio Cabezas se sitúa en Busmaría, una braña de Somiedo cuya apacible convivencia altera la galerna de la guerra. Como todos los lugares de alzada, alterna el bullicio veraniego con la postración invernal, cuando ya se queda sin gente.

Después de los penúltimos ajustes territoriales, respondiendo a mordiscos de la otra parte, ya no es fácil saber por dónde transita la frontera entre Babia y Asturias, desde el puerto de Somiedo al de La Cubilla. Así que mientras las enmiendas se incorporan a la cartografía, cada cual acomoda el mapa a sus afectos. Porque Valladolid no urge la mudanza y Oviedo qué más quiere. Los babianos permanecían en la marina asturiana hasta abril, cuando volvían con sus pertrechos y una media de hijos que oscilaba entre cinco y siete por pareja. Los veranos los aprovechaban en la arriería, mientras las mujeres cuidaban el ganado. Pero la alzada obligaba a los vaqueros a la endogamia y eso les granjeó un cierto malditismo, similar al de los pasiegos y maragatos. También la atribución de una procedencia remota, como celtas insumisos a los romanos, mozárabes varados en la cordillera o moriscos traídos de las Alpujarras. Por esa costumbre ambulante, los demás pueblos babianos llaman moros a los de Torrestío.

Durante mucho tiempo la alzada se hizo con San Miguel, del 29 de septiembre al 3 de mayo. Luego se fue retrasando tanto la partida como el retorno, de San Francisco a San Antonio. En octubre salía el vecindario cargando con los enseres y conduciendo los ganados. Los carros quedaban para el laboreo y arriería del verano, que enfilaba las tierras llanas. Como transitaban vericuetos abruptos, no hacían la mudanza a rueda, sino fiando el porte de la cacharrería y los más pequeños a la docilidad boyal, de manera que los animales los acunaban entre sus cuernos.

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