Diario de León
Carlos Frá
León

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Cuando hace años en Ponferrada se empezó a diseñar la candidatura para conseguir un Mundial de Ciclismo el panorama en lo económico era radicalmente distinto. Para estos eventos era relativamente fácil que los cocacolos o colacaos de turno desembarcasen con sus banderolas y sus euros para que no faltase de nada.

Pero en la capital berciana se produjo la tormenta perfecta al unirse esa crisis que complica hasta el extremo los patrocinios con un proyecto que, según se va conociendo, parecía obra de algún arquitecto faraónico —y no me refiero al que ideó ese adefesio al que ahora le pondrán el nombre del ex alcalde López Gavela y que sólo sirvió para provocar la inmediata búsqueda de una solución efectiva a las comunicaciones entre los barrios, que llegó con otro vial casi paralelo y que homenajea el centenario de la ciudad—.

Y en esa tormenta perfecta llegó como último huracán una crisis política que ahora se reaviva. La cosa está tan complicada que incluso el artista jefe, que generó todo esto al permitir la moción de censura para luego desautorizarla, dice que ni sabe lo que está ocurriendo ni mucho menos quiénes forman parte de la lista del PSOE con la que se debe cubrir el hueco dejado por la dimisión de Luis Amigo. El secretario de Organización socialista Óscar López intenta ponerse de perfil cuando son, precisamente, sus poco claros pronunciamientos los que impiden que cada cual sepa a qué carta quedarse. La pregunta sobre si el Partido Socialista va a renunciar efectivamente a llevar a Samuel Folgueral como número uno a la Alcaldía de una ciudad clave en la provincia y en la comunidad sigue aguardando su respuesta. Otros cargos sí se han pronunciado, pero tampoco sirve de mucho porque el problema es que cuando pasen las europeas se abrirá la batalla por el control de Ferraz con las primarias y todo quedará por decidir de cara a las listas para dentro de un año.

El atasco municipal puede ser mundial porque no parece el mejor momento para una crisis política. El problema es que quienes deben decidir si aceptan el puesto de concejal se ven sometidos a unas presiones en las que no está nada claro el futuro. Con ese panorama poner el cascabel al gato podría suponer ponerse en contra de quien será el candidato del partido en menos de un año. ¡De locos! Y en el PP alguno ya se ha borrado pero también queda por delante un año muy complicado.

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