NUBES Y CLAROS
Va por ustedes
No hubieran encontrado mejor anuncio. Nueva vuelta de tuerca a la ley de tráfico y drama con todos los ingredientes. Lástima que la sangre, en este caso, sea real.
El caso de los niños muertos en Badajoz tiene todas las aristas por las que hincarle el diente si eres un ‘tertuliano’. Tanto de corazón como de barriga y actualidad. Tirón total.
Pero hay vidas detrás. Historias que han de ser contadas, pero no utilizadas. No manoseadas, vilipendiadas, rentabilizadas. Respeto y altura de miras (se pide poco, mirar más que al propio ombligo/interés). Esa es, en este tiempo de contraseñas, la única clave.
Hay tanta carnaza en este caso que de antemano se ponen los pelos de punta. Drogas, vehículos sin control, niños, pasajeros sin cinturones,... Caldo de cultivo ideal para análisis, por supuesto; pero temo que también para charlatanes y demagogos, sanguijuelas en posesión o en búsqueda de altavoces cuando más necesaria es la templanza.
Es aquí y ahora cuando el periodista debería dictar sus normas. Las que, lo crean o no, miles de profesionales vocacionales, sinceros, esforzados y en ocasiones enfrentados con los intereses que sustentan sus finanzas, ejercen cada día.
Hace tiempo el mediático Andrés Aberasturi me confesó que dejó de confiar en los ‘tertulianos’ cuando aquellos sesudos analistas del intríngulis económico y político resultaron ser también expertos en encefalopatía espongiforme, el síndrome de Creutzfeldt Jacob, cuando el mal de las vacas locas saltó a la palestra.
A mí me escuece día a día, en la tablet en la que ejercito mis ‘músculos’ cada mañana temprano, la alternancia de niñas esclavizadas y salvajismos varios (allí, pero también aquí) con la estulticia de la ‘actualidad’ de los programas basura y sus patéticos intérpretes, que se me mezclan, quiera yo o no, con lo que querría que me ocupara en exclusiva.
No se puede saber de todo. En realidad, habría que aplicarse el filosófico «sólo sé que no sé nada». Hasta el límite, eso sí, del sé cuándo intentan metérmela doblada. Cuándo el engaño que me trasladan no debe llegar a los que me leen/escuchan. Porque, lo crean o no, somos legión los que sabemos lo que hacemos.
Conocimiento. Respeto. INFORMACIÓN. Con mayúsculas. Créanme, queda. Respétenla. ¡Defiéndanla! También es cosa suya. Es, sobre todo, cosa suya.