Diario de León

FRONTERIZOS

El niño Jon y el niño Juan

Publicado por
miguel á. varela
León

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Como en aquel poema de Juan Carlos Mestre, el niño Jon no es el niño Juan y los ojos del niño Jon y los ojos del niño Juan «no ven las mismas cosas en el fondo del lago». El niño Jon nació bajo, con, en, entre, para, por y sobre el fútbol. Su primer regalo fue un carné del club de su pueblo. Cuando cumplió un añito le compraron el equipamiento completo del Madrid. Daba patadas al balón con el chupete en la boca.

Ha pasado por todas las categorías del fútbol base: de benjamín a juvenil. Su padre, convertido en mánager, asesor y entrenador, ha tenido altercados en el campo de juego y al menos tres procesos judiciales por agresión a un árbitro, alteración del orden e insultos graves a un rival del niño Jon. Ahora estudia las primeras ofertas profesionales. Está inquieto: ninguna es de la categoría que un talento como el de su hijo merece.

Al niño Jon lo han entrevistado varias veces en la tele local. Se ha bañado en fuentes heladas para festejar toda la retahíla de finales. En 2010 lloró con la victoria de la Roja. En su casa se están pasando estrecheces económicas pero eso no les ha impedido asistir el mes pasado a la final de Lisboa. En casa del niño Jon se han comprado una tele nueva ultra HD 4K para ver el Mundial.

El niño Jon no entiende las protestas que llenan las calles de Brasil pidiendo menos Copa y mejores hospitales, escuelas y transporte público.

Al niño Juan enseguida le detectaron un talento especial para las matemáticas. A los cuatro años hacía divisiones complejas, a los cinco los quebrados no tenían secretos para él y cuando le tocó las ecuaciones en el instituto, él investigaba por su cuenta sobre la gravedad cuántica de bucles. El sábado conocerá al científico leonés Amable Liñán en una conferencia en Villafranca. Con suerte, saldrá en una foto de grupo en el diario local.

Los padres del niño Juan son clase media empobrecida por la crisis. Ahora viven del modesto sueldo funcionarial de la madre. El padre hace cinco años que no trabaja como ingeniero. Quieren que su hijo tenga la mejor formación. Como lo de las becas se ha puesto difícil, se pasan el día haciendo cálculos sobre el coste que supondrá la educación del niño Juan.

El niño Juan acabará, seguro, con un espléndido expediente. Su aspiración es conseguir una ayuda de la Fundación Fulbright que le permita hacer un doctorado en Estado Unidos. Probablemente luego lo fichará alguna universidad británica o alemana.

Al niño Juan le parecen desmesurados los 720.000 euros de prima que cobrarán los jugadores de la selección en caso de ganar el campeonato mundial. El niño Jon y el niño Juan, como en el poema de Mestre, «no miran a los mismos pájaros que tiemblan en la oscuridad».

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