LA GAVETA
Asturias, Cantabria y León
Los mapas de la Iglesia son mucho más antiguos que los del Estado. Y en el caso de nuestra tierra norteña de Iberia, son remotísimos. Baste recordar que la diócesis de Astorga tiene 1.500 años. La cartografía eclesiástica de esta zona es hija del imperio romano y es fiel a una realidad no solo geográfica sino también humana. Por eso el arzobispado de Oviedo abarca Asturias, Cantabria y la provincia de León. Las cuatro diócesis. Tres que coinciden con la capitalidad autonómica o provincial y la cuarta, la de Astorga, que desborda los actuales límites administrativos adentrándose en Galicia y el norte de Zamora.
Estos datos evocan un debate cerrado legalmente hace mucho pero que sigue provocando estupor. Como bien se prueba en el escaso entusiasmo que los leoneses sentimos hacia la autonomía compartida con Castilla. Y como ya han pasado treinta años del invento y no parece cuajar, es legítimo volver a bucear, siquiera quiméricamente, en este asunto. Para recordar que cuando se debatía sobre qué comunidades iban a configurar España tras la entrada en vigor de la Constitución de 1978, gentes ilustres de León propusieron una autonomía conjunta con Asturias.
Fue una idea que sedujo poco a nuestros vecinos del norte. Tal vez los asturianos sintieron que se hacían de menos al unirse con los leoneses, que teníamos el infortunio de estar al sur, y ya se sabe que el sur suele ser territorio a ignorar por los septentrionales. Lastimosamente, para muchas personas el sur de España es «peor» que el norte visigodo. Y un murciano, por ejemplo, no puede compararse con un navarro prestigioso. Y un donostiarra tiene que mirar siempre por encima del hombro a un andaluz, no digamos a un melillense. Cosas ridículas, pero que existen. Es más, una de las razones capitales del delirio secesionista catalán es el complejo de superioridad de muchos vecinos de aquella región respecto del resto de España. Como bien me dijo don Ramón Carnicer, que vivió en Barcelona 68 años y que era un español lúcido y de izquierdas.
Tal vez fue un error no crear aquella autonomía asturleonesa, tan justificada por la historia, no en vano el reino de León es hijo del astur. Pero lo que supieron ver aquellos reyes remotísimos no fue secundado por los políticos de hace 35 años: la complementariedad beneficiosa para ambas partes de una región común. Con el añadido de Cantabria, en su caso.
Treinta años después del invento, Asturias está demasiado escondida detrás de la cordillera Cantábrica. León le daría profundidad y apertura hacia el resto de España. Asturias y León (con Cantabria) formarían una autonomía atractiva, relevante, enraizada en la historia y con dos millones largos de habitantes. Un escenario en el que podríamos estar todos más contentos; incluso los astures que no quisieron mezclarse con el vulgo leonés.
Lástima que todo sea literatura.