CORNADA DE LOBO
Vapor bendito
Tamara Falcó es un compendio de chica sincera, divertida y espiritual, vino a decir la lorito que la entrevistaba en la tele. Se supone que decía esto porque es la nena más superideal y la superpija más superingenua, supersupina y superdivina que hayan parido los cielos o el cuché... y porque sólo ella podría salir diciendo a cámara que rezar el rosario le ayuda a acabar con la ansiedad... y que nunca sale de casa sin agua bendita... óóóle... ¿por si la asalta algún vampiro?...
Naturalmente, presté atención a la noticia porque lo de llevar agua bendita en el bolso no se vió ni en las contumaces beatas de Santa Marina, que eran, con mucho, las más atropadoras de novenas y bendiciones.
Pero Tamara precisó su método: la lleva en un vaporizador... y añade que entre sus amigos ya le han copiado esta brillante y bendita idea, fí-já-té.
Admirable... ¡un vaporizador de agua bendita!... ¿y para qué exactamente?... ¿para refrescar la cara?... ¿para bendecir el reojo?... ¿para hacer flisflís cuando alguien suelte un pecao ?... ¿para echar a los demonios fuera de las fiestas de alto copete?... porque no quiero imaginar que sea para bendecir los gintónics con un toque chic, nebulizador y de indulgencia plenaria.
En realidad, no alcanzo a suponer para qué coños querrá esta chica esa niebla bendita que viene a equivaler a un hisopazo vaporizado... a algo mágico como el resoplido de un chamán o brujo con la boca llena de aguardiente.
Y como siempre hay pastores para que las vírgenes raras se les aparezcan, ya imagino algún párroco andaluz tomando nota del invento e ideando instalar en el pórtico de su tórrida iglesia uno de esos nebulizadores que ponen por allí en las terrazas de bares firulís, pero bufando nieblas de agua bendita, bendición automática, ¡fuera diablos!... ¡anda que no volvería gente a los atrios fresquitos y nebulizados!... ¿y por qué no cambiar también el viejo hisopo por el vaporizador tamaril?... así dejarían de protestar las feligresas de los primeros bancos, pues ese hisopo de calderillo tiene una forma desagradable de hacer llover su bendición con goterones en la cara o el escote, sobre todo si el cura es brioso o rociero.