EDITORIAL. Plaza del Grano: demasiadas prisas e interminables plazos
Si el día 27 de agosto, justamente seis meses después de que el Ayuntamiento de León solicitase la calificación, la Junta de Castilla y León resuelve que hay motivos para declararla Bien de Interés Cultural, la plaza del Grano será intocable hasta en dos años, que es el margen de tiempo que tiene la delegación territorial para emitir el informe. Es algo con lo que sin duda no cantaba el equipo de gobierno municipal cuando el 17 de febrero pasado aprobó en junta de gobierno dar ese paso, a la larga un paso en falso, porque su objetivo era resolver esta cuestión con cierta premura.
Lo hizo como respuesta a la fuerte presión social suscitada por el anuncio de su inmediata intervención en el empedrado histórico y en el entorno siguiendo el guión del arquitecto Ramón Cañas, cuyo proyecto técnico, al margen de los recelos que pudiese suscitar y también de las malintencionadas interpretaciones que se hicieron, nunca fue bien entendido por la ciudadanía, fundamentalmente porque fue muy mal comunicado.
Por no ir más allá —quizá el gobierno municipal pensó que la Junta, del mismo color político, podría resolver la cuestión tomando algún atajo —, es evidente que el Ayuntamiento actuó con cierta torpeza, de manera que lo único que consiguió es que las prisas —había adjudicado el proyecto sin pedir un permiso que hubiese tenido antes de seis meses— se convirtiesen en interminables pausas. Demasiada pausa. Porque igual de incomprensible es que la Junta necesite hasta dos años para elaborar un informe de declaración sobre algo tan documentado en todos los aspectos. Ocurrió lo mismo con la prolongación del vial de La Lastra sobre unos restos romanos que acabaron sepultados por toneladas de arena. Tanto tiempo a la espera de una decisión y de la redacción de unas medidas estrictas pueden acabar convirtiendo la pretendida protección en peligroso desamparo.