EL BAILE DEL AHORCADO
Altruistas
Han condenado a la empresa del de las conductas ‘alturistas’ (quería decir altruistas pero no le salía) por tratar de barrer debajo del felpudo a un trabajador que falleció en acto de servicio el primer día de empleo y ¿sueldo? Menuda clase empresarial. Lo malo de todo esto es que tenemos unos ‘bussinesmen’ a los que no les importa más que su propia ganancia, su corralito, su pienso. Liberalismo viene de liberalidad, generosidad, todo lo contrario que los parroquianos de por aquí, que tienen un horizonte tan recortado como su vocabulario. ¿Qué decir de los que han vuelto a aupar a Terciado a la presidencia de la cosa? ¿Qué mensaje dan? Coge el dinero y corre o, también, semos granujas de medio pelo ¿qué pasa? Y ¿por qué tienen que cobrar de mis impuestos? Que no sé si saben que el again patrón de Cepyme cobra el doble que el presidente del Gobierno. Así nos va.
Luego, en plan de anécdota, está ese otro que alarmó a los empresarios con ir a una huelga patronal. «¿Pero cuántos trabajadores tienes tú en nómina?», le preguntaron los pobres afiliados. Imaginen la respuesta. Está entre el cero y la nada. Pues en esas estamos, ya ven, acusando a las amas de casa de apuntarse al paro. Sindicatos corruptos, empresarios condenados, políticos... ya no se puede decir nada de los políticos porque nos volvemos muy cansinos y repetitivos.
Es el circo, ahora que acaba de irse de la ciudad, un gran circo en el que el público, harto del onanismo de los chimpancés, está pidiendo que salgan las fieras, sin saber que la naturaleza del tigre no cambia, que su intención siempre es matar. Sí, es verdad, el felino es elegante y su belleza, hipnótica, pero siempre tratará de saltar fuera de los barrotes y hacer que corra la sangre. Es su naturaleza. La culpa nunca la tiene el escorpión sino la rana. Aquí nadie engaña. Hay partidos que utilizan la democracia para volarla desde dentro. Ahí le tienen, al modelo estrella de Alcampo, dando la chapa a todos los parlamentarios europeos emulando al comandante, que si le dejan les condena a horas y horas de aplausos, que cualquiera se atreve a ser el primero en dejar de martirizar los oídos del prójimo. La de buenos ratos que nos va a hacer pasar el prenda, con su voz meliflua y sus promesas imposibles, con sus frases cortas y ramplonas, tratándonos como idiotas para que le entendamos ¿o no? ¡Cómo se gusta! Desde Carlos Larrañaga no había nadie que se hiciera el amor a sí mismo tan bien ante la cámara.