Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Tupida copa, tronco retuerto, sombra impenetrable... Es una acacia de venerar y es testigo de las idas y venidas de la mucha gente que pasa a su lado.

En su día fue también notaría de las muertes sucedidas en San Lorenzo o El Ejido y en toda esa espalda de la ciudad, pues en su tronco se claveteaban las esquelas que notificaban a la vecindad el óbito de fulano o de zutana y la iglesia de su entierro (las esquelas es lo que más se lee en León).

Es una acacia superviviente de las muchas plantadas en 1906. Es, pues, centenaria, de las de darle un abrazo al verla. Además, su verde contrasta y alivia mucho ante toda esa piedra obsesiva, rubia y apabullante de la bella catedral vista desde el ábside.

Su sombra invita.

Que no toquen a esa acacia.

Y podarla por podar, jamás.

Está guapísima en su decisión y derecho de crecer con muecas y chepas frondosas. Ese gesto y ese moño son los de una heroína resistente contra todos. Déjenla a su bola y en su vuelo, que ella sabe, ha sobrevido con nota a un siglo entre cazurros... y es la última de las tres que la acompañaban hasta que las taló porque sí el frígido enlosado de este sitio hace unos años.

Y también es testigo de cargo.

Junto a ella estuvo Puerta Obispo , una edificación gótica tardía algo ruda, paso elevado entre el palacio episcopal y la catedral sobre el viejo portón de entrada a la ciudad. Lo tiraron todo abajo. Se dijo que un cacicote local, Fernando Merino, condés consorte de la condesa de Sagasta, viendo que no le cabía holgadamente el cochazo con el que iba de su fábrica a su farmacia de la calle Ancha, alentó su demolición (lo abolló ahí alguna vez, seguro). Eso de abatir monumentos históricos debió heredarlo de su padre, Dámaso Merino, otro que tal bailó, pues siendo alcalde se cargó también la gran Puerta Gallega de las Cercas haciéndola serrín (hoy podría ir a la cárcel por sus delitos contra el patrimonio, pero le seguiremos dando una calle señera).

En fin, esa acacia vio y escuchó mucho, pero no es fácil que largue, así que no han de temer su testimonio los cronistas... ni el cabildo sus chismorreos.

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