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EMILIO GANCEDO
León

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Me lo dijo José, el viejo y sonriente gaiteiro de O Piñeiro, una tarde soplando vino frente a la apacible ría pontevedresa de Aldán: «Hai o bo, e hai o malo», está lo bueno y está lo malo, y en una súbita revelación de su personal cosmología, prosiguió: «Porque Deus é bo, pero tamén é malo», y lo mismo pasa «con o Demo». José, o ghaiteiriño do Piñeiro , defendía: «¡Hai que crer nos dous!», hay que creer en los dos.

Pues pasa lo mismo con esa bestia apocalíptica que llamamos crisis, destructiva y sofocante en la mayor parte de sus muchos rostros —siete tenía la que nos describió san Juan—, desahuciadora de familias, paralizadora de la actividad social, causa de aflicción para tantísimos trabajadores... y aún así, al mismo tiempo hay que decir, con el gaitero José, que existe una buena, buena crisis.

Es la que nos hace espabilar. Es la que te agarra por la pechera, te mira directamente a los ojos y te zarandea mientras vocea: «¡Muévete! ¿No ves que nadie te va a servir las cosas en bandeja de plata? Sal ahí fuera, coño, y pelea, y reinventa, y proyecta, planea, esboza, sueña... y cae, y vuelve a levantarte, y equivócate, y aprende a distinguir lo que es verdaderamente importante de lo que no lo es, y si con todo esto no logras alcanzar tu meta, al menos habrás aprendido un par de cosas sobre la puñetera vida».

La buena crisis es la que hace cambiar mueca y traza al comerciante que parece verdaderamente empeñado en que nadie entre en su tienda, tan desagradable y cortante resulta (y en León hay...); es la que ofrece, al tipo que siempre se dedicó a apretar el mismo tornillo, la posibilidad de desarrollar por fin aquel acariciado anhelo laboral —como cocinero, librero, decorador de interiores, vaya usted a saber— aparcado en su juventud por entrar en la fábrica; es la que le explotó en los focicos al chulesco empresario que quería comerse el mundo vuelta y vuelta (¿y qué hubiera pasado de continuar aquella burbuja, aquella avidez, aquel banquete infinito?), lo malo los empleos que pierde en el lance como si fueran garbanzos al mus.

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La buena crisis es la que empuja al cambio e impide el anquilosamiento. Y no es nueva. Nuestros mayores la llamaban anda vivo que te comen la merienda.