PANORAMA
A entenderse
Cree el hombre que será secretario general del PSOE el próximo domingo que un espero que probable acuerdo con Mariano Rajoy en el tema catalán no va a comenzar a atar lazos duraderos entre socialistas y populares? Claro que respeto el juego de los partidos en una democracia, faltaría más; precisamente por ello, conozco el valor del acuerdo entre las principales fuerzas cuando ello es preciso. Y no digo yo que haya que ensayar en España fórmulas de gran coalición. Digo que lo que se impone, desde hace años, es la cultura del pacto más que la de la confrontación. Y que, si hay que reformar una Constitución para que algunas aspiraciones catalanas quepan en ella, habrá de hacerse con acuerdo entre los dos grandes, sin prisas, pero ya sin pausa. Y si hay que modernizar la ley fundamental en otros aspectos tampoco podrá hacerlo un partido en solitario. Lo mismo digo de la reforma de las administraciones, de la legislación contra la corrupción, de ciertas reformas sociales...
La ventaja de la derecha, en la que no me veo reflejado, sobre la izquierda es que la primera no tiene necesidad de estar presumiendo todo el día de ser eso, la derecha, y que incluso arrebata algunas banderas a la izquierda, mientras que esta última se siente constantemente asomada al abismo de otras izquierdas más radicales en sus planteamientos. Y Podemos, por muy bien que le vaya en las encuestas, no puede seguir siendo el referente de lo que hagan o digan el PSOE, o IU, o hasta el PP. ¿Estamos locos o qué?
Quienes creen conocer el calendario casi inescrutable de La Moncloa dicen que la entrevista de Rajoy con Artur Mas se producirá antes que la del presidente del Gobierno central con Sánchez, que antes tiene que pasar por el trámite formal de ser elegido de nuevo, ahora por los delegados al congreso del PSOE de este próximo fin de semana. Lástima. Porque Rajoy iría mejor armado a su encuentro con el president de la Generalitat, que me da a mí que se está batiendo en una cierta retirada no reconocida, si contase con la complicidad del nuevo líder de un partido que está viviendo momentos desconcertados, sí, pero que sigue conservando dos centenares de miles de militantes, cientos de sedes y millones de votos. Claro que dos no acuerdan si uno no quiere, pero ¿puede Rajoy permitirse el lujo de seguir aferrado a su permanente no a todo? ¿Puede Sánchez mantener ese brindis al sol de que a la derecha ni agua? Me parece que los tiempos que corren corren en un sentido diferente al que Sánchez define como nuevos tiempos. Soy, por supuesto, de los que desean que todo esto salga bien. Y no saldrá bien sin acuerdos generosos e imaginativos entre los dos hombres que más poder político tienen hoy en España. Uno de ellos es un recién llegado, pero ya no le queda tiempo ni para las bravatas ni para seguir tanteando por dónde va el camino. Acertar no es, al fin y al cabo, tan difícil.