EDITORIAL: Pobreza, un drama contra el que el Gobierno mueve ficha
El censo de mendigos que el Ayuntamiento de León abrió en noviembre pasado cuadruplica el número de registrados en los últimos seis meses partiendo de los 80 que había contabilizado al inicio del año. En las calles de la capital malviven estos días 324 personas sin recursos, los llamados transeúntes. Cuatro de cada cinco de ellos se ven afectados por la falta de empleo y la estancia continuada en la calle deteriora su salud y dificulta o imposibilita su reincorporación a la actividad laboral. En ese mismo periodo, la Unidad de Emergencia Social de Cruz Roja atendió a 216 personas. El 90% de todas las que carecen de hogar y recursos para alimentarse son hombres.
El drama en términos más amplios afecta a tres millones de españoles que alcanzan el nivel de pobreza severa y se vive con intensidad en millón y medio de hogares que padecen una situación de exclusión social en la que cuatro de cada diez niños no reciben la atención necesaria. Y no sólo eso, porque es que además carecen de condiciones para un acceso fluido a los servicios sociales y se ven envueltos en entornos que dificultan la socialización de las personas en situación precaria. En ese punto parece innegable la relación entre pobreza y fracaso de las políticas de los poderes públicos o, directamente, la ausencia de políticas para combatir la pobreza. La merma del subsidio del paro y, en general, los recortes de los servicios sociales no han hecho más que agravarla.
En esa situación es cuando menos tranquilizadora la iniciativa anunciada ayer por el Gobierno, que en octubre pondrá en marcha un plan de recuperación del empleo y de mejora de la protección social que dará prioridad a parados de larga duración, con cargas familiares, que vivan en hogares sin ingresos laborales y con baja formación, especialmente, mayores de 45 años. Ese es el perfil personal que encarna el drama.