Publicado por
javier tomé
León

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No es por una mera cuestión de amiguismo, que también, pero les juro sobre un montón de Biblias que el gran acontecimiento cultural del verano es el libro Habitación en Europa , primera obra de Avelino Fierro que ha sido debidamente comentada en los medios. Corrían mil rumores sobre el poderío literario de este hombre imbuido de una extraordinaria sabiduría humanística y que, quizá por deformación profesional, se comporta siempre a la manera de los justos. La leyenda urbana asegura que el fiscal Avelino es un buenazo por definición, cuestión que no discuto pero a la que me gustaría añadir algunos matices, ya que tenemos varias cosas en común. Nacimos en el mismo año, ya casi en el Pleistoceno, padecemos idéntica alergia hacia los telefoninos y demás cacharrería digital, aparte de compartir un corazón blanco y merengón, dicho sea en términos futbolísticos, que nos lleva a gozar con cierta vena sádica, y aquí cuestiono su legendario buenismo, cuando los rivales perjudicados visten de colchonero o de blaugrana.

Dicen que el arte es uno mismo, algo constatable en una obra que, en primer lugar, da testimonio de sí mismo, de una persona sofisticada y con muchísimas lecturas que ha decidido regalar a los lectores tanto sus vagabundeos mentales como sus experiencias espirituales. Escrito a medio camino entre la opinión motivada y el razonamiento deductivo, se trata de un libro repleto de gentes y de palabras, propias como ajenas, que despliega todo un ejército de ideas impregnadas de belleza estética y moral, pues además nos señalan la verdad. Algo necesario en tiempos como el presente, cuando estamos más hundidos que el Titanic y precisamos de un urgente rearme cívico y ético. Contra los filibusteros del pensamiento surgen gentes como Avelino Fierro, cuya insobornable apuesta desprende magisterio. ¡Olé por el boss!

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