HOJAS DE CHOPO
Memoria del amor
Como en tantos sentidos de la vida, la perspectiva añade un matiz importante a las cosas, a la mirada, a la valoración y al juicio que podamos emitir. Es diferente ver las nubes desde abajo o desde arriba. Hasta es posible que desde arriba se contemplen y desde abajo se escudriñen.
La perspectiva es siempre un condicionante. Incluso de las memorias varias, si tal variedad puede aplicarse como un hecho real y compartimentado que clasifique una circunstancia espontánea de la condición humana, nunca sé si biológica o espiritual, aunque para mí tenga, sin fundamento que lo ampare, que se trata de un hecho que participa de ambas. Lo cierto es que, al margen de esa llamada memoria selectiva, mucho más restrictiva y más dominada, la «de elefante» (global o de almacenamiento), la política, familiar, histórica… son capaces de reconstruir parte de nuestra realidad, de nuestra identidad. Es absolutamente necesario subrayar el alcance del posesivo, ya que se trata de una reconstrucción, más que compartida -a veces hay cierta coincidencia colectiva-, excluyente. Tan de moda hoy la por algunos llamada «literatura de la memoria» o «escritura de la memoria», ha de entenderse también la distorsión que la memoria provoca porque es conveniente entender que la memoria está más cerca de la literatura que de la historia. La perspectiva es múltiple, por no decir infinita. Y es que esa memoria selectiva responde con frecuencia a las vocaciones, a los intereses, a la idealización…, elementos a veces difíciles de enterrar cuando se desean poner, como fondo, algunos aspectos de relieve.
Hay una memoria, sin embargo, en general poco valorada: la de la vida entroncada en la sencillez, hoy más tenida en cuenta como referencia etnográfica, que se agota a pasos agigantados y exige, por tanto, las últimas provocaciones que faciliten el acceso a un mundo y unas formas de vida ya prácticamente desconocidas. Menos valorada, la memoria del amor, silenciosa e íntima, que atesora y recuerda fechas entrañables, momentos felices, aspectos positivos, detalles aparentemente insignificantes… Gracias a esta memoria, generalmente femenina y siempre delicada, el mundo sigue permitiendo que el espíritu respire. Menos mal. Es la memoria que contiene la caja de las esencias, la memoria que humaniza.
Ya sé que la memoria no atraviesa momentos de prestigio y consideración. Hay cierto desdén hacia sus postulados, previsiblemente por la voracidad y cierta inquietud con que se miran los vaivenes del futuro que todos pretenden conquistar. Es lógico, puesto que somos producto de un tiempo determinado. El que es. Con la consiguiente incertidumbre a que estamos sometidos en su búsqueda. La memoria, sin embargo, recuerda orígenes, puntos de partida, anclajes, orientaciones. Y momentos llenos de ternura que nos facilitan el camino, la definitiva trayectoria vital.