Diario de León
Publicado por
Pedro Rabanillo Martín
León

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La política, además de doctrina que tutela los asuntos que ejercitan los gobiernos de los estados, es una ciencia que articula las actividades en todos los requerimientos públicos que desde la sociedad se formulan y, que el Estado de Derecho al que está sometida demanda clarificación de ideas y satisfacción ciudadana. En definitiva, la verdadera política se basa en la exposición de opiniones como principio del entendimiento democrático.

Hoy en España estamos pasando por un lapsus de crisis política, que afecta a la mayor parte de los agentes que constituyen el núcleo central de la normal organización de un Estado de Derecho, en el que organismos e instituciones redundan en calificativos de desprestigio, que aducen a la hipotética inhabilitación de sus funciones, especialmente de los entes autonómicos.

Cuando por curiosidad asistimos a un debate en el Congreso de los Diputados, la decepción enajena la atención ante esa falta de respeto con que los ponentes obsequian a la asamblea en sus intervenciones. La exposición de opiniones debería ir precedida y acompañada de cierta consideración a los fundamentos del oponente de turno, aún no compartiendo, como es lógico, los argumentos por intereses de oposición.

Con la celebración de los últimos comicios europeos, han salido a la palestra una serie de formaciones, más que políticas diríamos oportunistas, por el sesgo que cada cual ha tomado para justificarse de sus «quehaceres» particulares y más atentos a posicionarse en clave «euro-amarre» que de la generosa actitud de altruismo al servicio a la ciudadanía.

Se trata de llegar a la política por la senda de los «negocios», que les lleva a matricularse en el arte de los charlatanes, vendiendo a precio de saldo «bonitas ideas, que mentes congestionadas por anteriores estafas ideológicas y políticas propenden a picar en el anzuelo del pescador de falsas «capturas». No en balde exponen en escenarios de lujo, productos de la más «excelsa» demagogia, que venden bajo el signo del fanatismo milagrero, cuando el resultado no puede ser otro que el que sustenta en la miseria del engaño.

Particularmente sorprendente resulta la fiebre patológica que padecen quienes encuentran en el asentimiento bipartidista de esta querida patria nuestra, una enfermedad incurable y causante de todos los males políticos, económicos y sociales y por la que en algunos momentos hemos estado a punto de «ingresar» en la UCI en fase terminal. Si somos incapaces de curarnos de una simple «dolencia», ¿cuál sería la dimensión del virus que acarrearían esos «pacientes» enfermos, de etiología desconocida, que se contagian para hacer imposible el saneado de la grave situación que padecemos? El Partido Popular y el Socialista tienen la responsabilidad de hacer buenos esos contactos, tan necesarios para poner freno a esa neurótica carrera emprendida por asociaciones desvinculadas totalmente de los principios con que se purifican los axiomas del progreso y la democracia.

Si nos fijamos en los países más avanzados de nuestro entorno, y de otros más alejados, geográficamente hablando, tenemos que los más desahogados en el terreno de la economía e infraestructuras industriales, sean republicanos o monárquicos, suelen regirse por un bipartidismo moderado, con alternancia en las funciones de Gobierno, que siempre es positivo para la moderación política y para los posibles puntos de encuentro en situaciones comprometidas. Los ejemplos a tener en cuenta: Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Japón y países nórdicos europeos, muestran capacidad de entendimiento por el que rigen sus destinos, dentro de una envidiable estabilidad.

¿Por qué España no puede copiar de los ejemplos anteriormente expuestos y, los partidos, tanto el Popular como el Socialista, no analizan sus respectivas posiciones y, por intereses de Estado tratan por todos los medios de llegar a encuentros que posibiliten una estabilidad Social y Política, que den pasos por vías de acuerdos para tratar de recuperar el maltrecho empleo laboral que desde todos los sectores más implicados del país se reclaman, con el fin de equipararnos a las naciones que cuidan de este fenómeno social, máximo exponente del Estado del Bienestar y la sana convivencia pacífica?

El saldo de ideas que venden «asociaciones menores», no solamente arruinaría las esperanzas de recuperación, sino que acabaría por no poner en práctica la tan ansiada regeneración social, y nos llevaría a la desintegración territorial, que los muñidores del separatismo, terrorismo latente, y movimientos afines reclaman para imponer «su ley» y arrojarnos a los vertederos del desastre y la miseria.

Dios quiera que el dirigente que ha salido sdel «cónclave» socialista corrija la variante de la actual situación, y adopte la forma que en el ámbito ideológico le corresponde: centroizquierda (dentro de la Social Democracia), posición inquebrantable de Felipe González, el mejor baluarte de la democracia, y abandonen de una vez por todas competir con el «rastros» de extrema izquierda y formaciones anti-sistema. Un partido como el socialista, tan necesario para la estabilidad democrática, con serias opciones de gobierno, debe pensar en establecer equilibrio y consenso con el partido que hoy tiene la responsabilidad de gobernar, quedando como es lógico a la recíproca en futuras legislaturas. Nunca deben proponerse saldar temas imposibles, a no ser que corran el riesgo de adentrarse en el terreno de la desintegración.

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