MARINERO DE RÍO
En canal
La obra faraónica del canal de Panamá es sólo un regacho al lado de ese otro canalón nuestro que se abre paso entre encinares y hojarascas judiciales y burocráticas, el canal bajo de Payuelos. Titular perenne de la prensa provincial, lleva siendo compañero fiel del lector desde hace décadas, al mismo nivel que las esquelas y el relax, una familiar cantinela de promesas regantes. Una sección de Comarcas sin Payuelos es como una de Cultura sin Luis Mateo o una del Bierzo sin Tarsicio. Y después de treinta años de que cerraran la presa del pantano de Riaño e inundaran el valle de lágrimas se reanuda ahora la dentellada del cemento, la huella del agrimensor, y avanza decidida la zanja... en busca del palentino Carrión.
Si hay destino, el día en que se acodó a escribir la historia de León tenía ganas de armarla parda o llevaba una jumela fina filipina. El valle más señero de la montaña leonesa, aquel hasta donde uno llevaba a cualquier visitante al que deseaba complacer o maravillar, fue sumergido bárbaramente por aquella convicción de los socialistas de no dar el brazo a torcer tras el desastre de Lemóniz... y ante la sed levítica de los páramos castellanos. Los años ochenta, para el territorio leonés, supusieron un amargo rosario de pérdidas que intentaban azucarar por la radio con aquella sintonía, Nueve provincias, una comunidad... justo a la hora de comer. Y estos días contemplamos las fotos de las obras y vuelven los dolores de ese Gernika civil que resultó el embalse de Riaño. Rabeles, palacios, romances, hórreos y casas de horcón, bolos y aluches, cultura ganadera y trashumante, nueve pueblos en medio de la pradería atlántica, un patrimonio extraordinario cuya capital haría hoy triángulo imparable con Potes y Cangas en atracción y difusión para los Picos de Europa. Y luego se preguntan la razón oculta de por qué sólo un mínimo de visitantes deciden acceder al parque por el viejo reino.
No sólo acabaron con todo eso sino que, para mayor escarnio, los labradores leoneses del Sur verán pasar de largo el agua de la nieve y el deshielo, riego castellano con eco a toque de difuntos.
A León lo estazan como a un gocho. Lo abren en canal. Pero la gente resopla y zapea hasta dar con el Sálvame .