TRIBUNA
El estilo leonés en las letras españolas

Lo más importante de León —ya lo he dicho alguna vez— es la huella que el paisaje deja en nuestras conciencias y que determina nuestra imaginación y condiciona lo que somos en realidad. El paisaje y la tierra, en definitiva, conforman nuestra historia y, cuando es necesario, consuelan nuestra añoranza, son la fuente subyacente de nuestra inspiración y delimitan así la capacidad creadora. Siempre he pensado que analizar León, como ciudad literaria o narrativa, es aprender a nombrar un estrato muy definido de nosotros mismos, que está siempre ahí bajo la piel de cada uno, presta a acudir, pero que nunca se nos concede del todo.
Sin duda muchos narradores leoneses comparten esta experiencia y es que León tiene un valioso plantel de escritores entre los que destacan un sinfín de autores que desgranan sus creaciones literarias por los escenarios leoneses fluctuando su desarrollo entre espacios míticos o reales, y entre ellos destaca Pedro García Trapiello, al que no puedo comentar de forma imparcial ya que siento un gran aprecio y una notable admiración por su forma de enfrentarse, día a día, al quehacer literario. Pero sin alterar mis sentimientos personales, es indudable que se puede afirmar que su caudal expresivo, tras un somero análisis de sus textos, es muy elaborado y transciende la norma de la literatura leonesa. Acabo de leer su libro Al río… y por ahí , en su introducción nos propone una invitación para el caso de que «si se dispone a descender por los ríos y esos «por ahí» que brotan de sus páginas, sepa que ahí no solo las aguas bravas y afamadas que nombran a las tierras leonesas, sino algunos calderos de furia o de emoción que se escaparon de mi corazón…».
Pues bien he descendido y he tratado de meditar sobre algunos temas y cuestiones que sobresalen, a mi modesto entender, en los más de trescientos artículos publicados en el DIARIO DE LEÓN entre 1998 y 2013. Se trata de una serie de textos, que reunidos en esta sólida gavilla, cobran nueva vida y nos desvelan más de los pensamientos y los sentimientos del autor. Textos que en un momento han sido noticia fugaz, que ha adornado con comentarios sobre paisajes y personajes en los que mezcla la ironía y el sentimiento como un buen testigo que es de nuestros tiempos y que dan forma a un nuevo estilo periodístico: el «estilo leonés», puesto en valor por Antonio Colinas, que ejerce de prologuista.
El autor nos regala con creaciones como «el río (Órbigo) está enteramente trastocado y desfigurado; los lechos de piedra están biológicamente masacrados y no hay quien june una trucha, porque deben de estar todas buscándose casa nueva o amarradas en lo oscuro royendo aún el susto» (pág. 62) o bien en otro momento «Dos ojos con cejas»: Por el Torío arriba se me suben los recuerdos como brincando por sus piedras, por el Torío abajo se me abaja la fe que flota sobre sus aguas haciéndose la muerta. De esta forma desemboca junto al cementerio de Puente Castro voleando su pena en las aguas del Bernesga…» (pág. 98). He aquí algunos momentos que representan el sentir de un grupo de narradores leoneses, que son los exponentes de un «estilo leonés» puesto de relieve en el último Congreso de Literatura Leonesa que formó parte del Congreso de la Asociación Colegial de Escritores de España, y que fue patrocinado, entre otros, por el DIARIO DE LEÓN, y en el que se hizo constar que los diferentes autores leoneses, tras la edición de los Congresos de Literatura Leonesa han reiterado que existe una nomenclatura del «estilo leonés», sello que recopila las claves de nuestra tierra como «espacio literario». Y una de las consecuencias es que se confirma la existencia de una «escuela leonesa» que tiende a potenciar las letras españolas; en suma, el universo de la cultura en constante evolución que siguen de cerca la marcha de lo literario del otro lado del charco donde fueron Márquez o Borges y florece la lengua en libertad, en contacto con nuevos mundos que tienen nombres inéditos para nosotros.
Trapiello siente una querencia marcada por la geografía hídrica de nuestra tierra leonesa, en torno en el que fluyen los quehaceres, sentimientos y afanes de los protagonistas de sus historias primorosamente fabuladas, y es por contacto con las aguas de donde los animales y las plantas toman su vida diferenciada del agua si bien de ella extraen su magia «en algunos lugares existen árboles como el tejo que es un monumento, no hay otro árbol con más peripecia, más terco, mágico, solitario y caritativo; arrodíllate cuando veas uno dónde nadie lo planto, y quítate la gorra cuando lo encuentres dando sombra a un atrio…» (pág. 147). En otros momentos su prosa se aleja del costumbrismo y se zambulle en la picaresca (pág.150).
Es en suma una recopilación de sus artículos, muy representativos de su estilo, ricos en giros, perspectivas, en las que plasma su trabajo periodístico, muy personal desde luego y representante notorio del estilo leonés, en su pentagrama «vivir, aprender, caminar, ver y contar». De este modo los diferentes autores leoneses periodistas, novelistas, historiadores, investigadores…etc., con sus creaciones están abriendo nuevos cauces a las letras en español, donde el territorio de la memoria continúa siendo una fuente inagotable para desarrollo de una cultura que recorre con dinamismo el siglo XXI, teniendo presente siempre el escenario creativo de la tierra. Así el estilo leonés se va abriendo paso en la literata en lengua castellana. A los hechos me remito.