CORNADA DE LOBO
Odio lechal
Tengo por aquí la foto de un niño de siete años, la colgó en twiter su papá, un australiano musulmán en la guerra de Siria, feliz y orgulloso de presentar urbi et orbe a su criatura resalada, un retaco rubio de poca chicha que sostiene en alto con sus manitas la cabeza degollada de un enemigo caído, un pedazo cabezota que parece pesar más que él... y ya tenemos una alegoría del David que descalabró a Goliat rebanándole después el pescuezo (también con sus manitas).
Espantan las calles de Mosul con sus cabezas colgadas... y los niños las miran (¿es que los odios van ya en la leche materna para urgir al crío a echar dientes?). Nosotros, a falta de guerra mayor, trabajamos esos odios con los equipos rivales, con el político contrario, con la cofradía hermana o los cuñados... pero el odio que mama el chaval impasible de esa foto balanceando la muerte con sus manitas sólo será superado por el odio del hijo del degollado, que ya desde ahora sólo tendrá en su vida un mandato: matar a la puta raza que mató a su padre... así se encadena la existencia desde hace milenios.
En los escenarios más crudos de la guerra de Siria vemos niños (alguno ríe o juega, admirable)... en la jaula escombrada de Gaza vemos niños (alguno ríe, otro juega y los demás lloran o gritan)... junto a las tapias de adobe de Afganistán vemos niños (les gustaría reír o jugar, pero el miedo congela sus ojos)... en el norte de Irak donde avanza el Califato de los colifatos vemos niños (aquí no tienen tiempo de risas o juegos, sólo huyen campo a través con sus familias yazidíes o cristianas porque el amo del Corán-kalasnikov masacra a quienes no se convierten a su fe al instante o les entierran vivos para que puedan hablar con los demonios de abajo)... niños demasiado acostumbrados a la muerte... les vemos en la tele sin inquietar el gesto ante los muertos de la calle... y el grito desgarrado de una madre se les convierte en un tararí de cuartel al que irán a alistar su rabia como ya lo hicieron sus hermanos mayores que un día se forraron de trilita y mandaron a tomar pol culo y por los aires mezquitas enteras llenas de hermanos chiíes... o sunníes, según.
El odio lechal es el más terrible.