EL RINCÓN
Los mensajeros
No corren buenos tiempos para los que traen y llevan malas noticias. Los carteros no siempre pueden llamar dos veces, ya que les han cortado las manos y así no hay forma de golpear la aldaba. «Llamad y se os abrirá», recomienda un consolador texto bíblico, quizá del mismo autor del múltiple tocho, que fue escrito en colaboración y se tardó siglos en elaborarlo.
Lo cierto es que los mensajeros se la juegan si sus nuevas son viejas y malas noticias. Lo normal es que quien las recibe considere que no son de recibo y ordena que el transportista sea decapitado, lo que sigue siendo la mejor solución para la caspa, incluso para la alopecia. Ahora, el Reino Unido, que congrega la tribu humana más evolucionada, se ha lanzado tras las huellas del terrorista que decapitó a James Foley. Sus datos son muy genéricos: sólo se sabe que habla con marcado acento británico, pero eso le ocurre a mucha gente, no sólo a los profesores universitarios que se han pasado allí una temporada y han vuelto con varias bufandas y una gorra a cuadros. ¿Quién será el terrorista con acento inglés, verdugo del IS, que le cortó la cabeza al periodista estadounidense? La Historia, que dicen que es maestra de la vida, sigue siendo una discípula de las novelas policiales y la Universidad está en los kioscos.
El desconocido autor del crimen se hace llamar John, lo que tampoco suministra muchos datos. Se cree que puede ser londinense, como el célebre desconocido que popularizó su nombre a base de ocultarlo bajo la denominación de ‘El verdugo de Londres’, pero entonces no había yihadistas que amenazaran los intereses yanquis. «Amo a los muertos porque son de mi bosque» dijo José María Valverde, poeta y profesor, que escribió mucho en los periódicos
¿Por qué mueren más periodistas que estudiosos de periodismo? Foley estuvo en Afganistán, en Libia y en Siria y se comprometió con las víctimas hasta perder la cabeza literalmente. Los héroes son personas como nosotros, sólo que se empeñan en hacer todo lo que pueden. Ése es su mensaje