AL TRASLUZ
Voces que muerden
Luego se quejan de que la militancia escasea, cómo va a abundar si en los partidos se muerde a propios, ajenos y al cartero que pasa por allí. Esperemos que a Sosa Wagner no le haya alcanzado el mordisco lanzado desde el suyo, porque iba dirigido a lo que hay detrás de su corbata de pajarita. Ha propuesto en un artículo en El Mundo que UPyD lleve a cabo una ronda de debates con Ciudadanos, para esclarecer la conveniencia o no de llegar a acuerdos. Se ha liado como si hubiese exigido fusionarse con la Asociación Nacional del Rifle. Una reacción desmedida, para quienes lo observamos desde fuera, quizá también para muchos de quienes lo hacen desde dentro. Ni siquiera planteaba estar él en esas conversaciones. Rosa Díez se ha mostrado indignada, pero la suya ha sido una reacción casi zen comparada con la de la diputada Irene Lozano. Esta, con rabia huracanada, ha recriminado al eurodiputado que no lo haya expresado en los órganos internos del partido. Pero, a veces, tales órganos internos lo están tanto que cuesta encontrarlos en la anatomía de la sede. Él ha esgrimido que los medios de comunicación son tribunas eficaces para difundir aquello a lo que se desea dar transparencia, y lo somos. Rechaza la expresión «los trapos sucios se lavan en casa» pues no percibe mancha alguna que someter al centrifugado. No termina uno de ver la razón de tanta rabia. También ha molestado su afirmación de que en UPyD hay actuaciones «autoritarias y sectarias». Lozano lo niega, pero de forma tan faltosa que le da la razón. Sosa Wagner cree que toda organización, grande o pequeña, puede derivar puntualmente en abusos de poder, no siempre con mal propósito sino porque así es la naturaleza humana. Pues lo mismo ocurre en el columnismo. Para no convertir tu espacio en dictadura bananera debes pasar a diario la ITV de la crítica, de la propia y de la ajena, incluida la de tu señora.
Sus propuestas estaban formuladas con buenos modales democráticos. El debate político, el interno y el externo, necesita más artículos suyos. «Perro no come carne de perro», dice la máxima. El humano tampoco come carne de humano. Pero la muerde, sobre todo si es de compañero. Don Paco no ladra a los ladridos, aunque los escucha.