Diario de León
Publicado por
ERNESTO ESCAPA
León

Creado:

Actualizado:

Hay asuntos que se observan con mayor nitidez desde fuera, mirando las cosas con una cierta distancia, aunque no demasiada. Es lo que ocurre con el empeño leonés por obtener vitolas de interés universal, de las que reparte la Unesco. El chasco reciente del afán de convertirnos en Ciudad Literaria, por no echar los papeles, se suma al reconcomio con los vitrales catedralicios, desdeñados en su aspiración a convertirse en Patrimonio de la Humanidad. Es verdad que nos concedieron la distinción de Las Médulas, que no se gestionó desde aquí, y tenemos la declaración de Cuna del Parlamentarismo, porque la cronología no se discute. Sin embargo, mirando la panoplia del Patrimonio de la Humanidad, resulta chocante que la ciudad que cuenta con la joya románica española y con una de sus catedrales más notables (que además es el primer monumento nacional) carezca de sitio en el elenco de la Unesco.

Ya sé que estas conjeturas pueden parecer frívolas a los severos, pero más irritante resulta comprobar que la catedral de León ha sido relegada en esta promoción por las de Santiago, Toledo, Segovia, Sevilla, Salamanca, Ávila o Burgos. Porque descuidos así traen sus consecuencias. Por poner un ejemplo, pillado en la prensa del verano, la catedral de Burgos ha recibido en los últimos veinte años una inversión pública de treinta millones de euros. En León estamos a ver cómo se chapucean las esculturas de los pórticos, ahora desiertos, porque dice mi amigo el fabriquero que no hay más que lo que hay. Durante años, San Isidoro tuvo la suerte de caer al cuidado del abad Antonio Viñayo, quien se preocupó de conciliar los arreglos de su patrimonio con el gancho de una intachable actividad cultural. Esa actitud marcaba una clara distancia con la galbana catedralicia.

Poco a poco, San Isidoro logró aunar la oferta de sus atractivos, haciendo obligada la visita al museo, que incluye el Panteón de los Reyes, un recinto singular cubierto por pinturas románicas. Sin renunciar en la promoción a los alicientes de un esoterismo blanco, que maneja los signos pétreos de un zodiaco priscilianista colocados sobre la puerta del Cordero o cultiva la leyenda del Grial. Su elección como primera joya del románico español fue un premio al medio siglo dedicado por Viñayo a airear sus riquezas. Pero no pasamos de ahí, mientras actuaciones imprescindibles se aplazan por el catarro de Bankia. Me he centrado en la capital, pero no quiero olvidar la extravagancia de que las iglesias mozárabes sigan excluidas del Patrimonio de la Humanidad. Ahí están el románico catalán, el mudéjar turolense y el prerrománico asturiano, mientras continúan a la intemperie joyas como Escalada, Peñalba, San Cebrián de Mazote Mazote o San Baudelio de Berlanga.

tracking