Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS FRANCO
León

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Se cansaron de decir que con esto de la crisis se estaban redescubriendo nuestras aldeas. Que la gente, cansada de no ver opciones de futuro en las ciudades, se estaba echando al pueblo. Cuentan, y no se cansan de contar, que de nuestros problemas actuales saldremos reforzados volviendo a apostar por la tierra. Que nuestros productos del campo ocuparán el lugar que hemos vuelto a encontrar vacío al despertar de nuestro breve sueño industrial. Que las cabras sustituirán a las minas en el Bierzo alto. Que los sotos de castaños necesitan sangre joven. En definitiva, que el futuro se viste de Prada —de lo que se ha cansado de pregonar José Luis durante toda su existencia—.

Lamentablemente castillos en el aire. Ilusiones que se dan de bruces ante una realidad bien distinta. Un día a día que se escribe con tinta de sufrimiento y resignación. Una realidad que dicta que sus habitantes y sus pequeñas empresas pueden echarse varias jornadas teniendo que hacer la cuenta de la vieja porque se ha caído una línea de teléfono sin que a nadie le importe. O la de niños empaquetados en un autobús escolar para meterse, entre pecho y espalda, y a diario, un trayecto de más de dos horas de viaje por carreteras por las que hasta las cabras que van a soltar en la zona del Manzanal circularían con cinturón de seguridad.

Y sobre todo es la de tener que soportar las gilipolleces de los burócratas que se escudan en que si a un tacógrafo de tal o cual autobús le faltan cinco minutos para superar la hora de tiempo máximo estipulado para realizar el trayecto. Me gustaría verlos en la situación de esos padres que se despiden de sus hijos de cuatro años sabedores, como son, de la aventura que les espera para llegar a clase. La famosa ‘aventura del conocimiento’, que en casos como los que nos ocupan estos días adquiere un significado muy distinto al que le suelen dar los aprendices de ciudad.

Luego se gastarán los cuartos —más de los que ahora se estarán ahorrando con la supresión de una línea de autobús aquí o el cierre de unas aulas allá porque sólo hay cuatro niños en vez de cinco y medio— en la elaboración de planes contra la despoblación. Les pondrán un bonito nombre y un lacito para sacar pecho ante otros urbanitas. Una forma más de cubrir el expediente. De justificar su años de maltrato al medio rural. De lavar sus conciencias por el maltrato infringido.

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