Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Pues sí, el bien gana incluso las batallas que pierde. El ébola ha matado al sacerdote y médico leonés Manuel García Viejo, pero no le ha vencido. Parece una incoherencia, pero es que el mundo interior cristiano no se rige por coherencias al uso. Se tiene otra concepción del final feliz, a veces difícil de comprender por quienes no son creyentes. Mi pésame a los suyos, pero, a la vez, cómo obviar que su ejemplo es ya semilla vivificadora; por tanto, generadora de esperanza y de alegrías futuras, aunque ayer la noticia nos llegase envuelta en luces de otoño. Hace días leí un titular en el que el físico Stephen Hawking afirmaba: «Dios no existe». Y unos días después otro en el que el biólogo Richard Dawkins aleccionaba: «No eduquen a los hijos en dioses ni en hadas». Nuestro paisano no pudo leerlos, porque estaba aislado en un hospital. Ni siquiera concluiré que por fortuna, pues intuyo que se hubiera limitado a sonreír, no con desdén sino con dulzura.

Ya les conté en mi anterior columna que para sus vecinos era la «bondad personificada». Como médico tenía formación científica, estaba en contacto a diario con la muerte y los sufrimientos padecidos en las más desoladoras condiciones. El dolor de los otros no era para él fría cifra estadística en un estadillo, sino realidad cotidiana compartida desde sus convicciones religiosas. Por tanto, la suya no era la fe del carbonero; simplemente, en su corazón no había conflicto entre ésta y la razón. Quizá fuese porque la bondad es una de las más misteriosas formas de conocimiento. Hay unas palabras de Cristo muy bellas a este respecto. Alguna vez las he reproducido ya aquí, pero hoy está más que justificado volver a traerlas: «Gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los poderosos y a los sabios, pero se las revelado a los sencillos».

Las fotos de él que publica este periódico hablan por sí solas. La expresión bondadosa no se puede fingir, irrumpe como una verdad interior que impregna el exterior. Qué miradas y sonrisas tan dulces las suyas, él que trabajaba allí donde otros sólo escuchan el silencio de Dios. Gana el bien titulé la columna del martes. Pese a todo, no ha habido derrota. Vuelve a ganar. Qué hermosa victoria.

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