FRANCAMENTE
Milagros
Ahora va a resultar que la pobreza y el hambre son unas invenciones de los parias sociales para llamar la atención, reclamando esos cinco minutos de fama que, dicen, nos otorga a cada uno la vida.
Va a resultar que no es un milagro eso de encontrar un curro para los desterrados del paraíso del crecimiento económico. O que, aun teniendo trabajo, no sigue siendo un milagro para la gran mayoría de los curritos pasar del día quince del mes sin haberse pulido su nómina de mileurista –y sin posibilidad de ingresos extra, pues las diez horas de jornada laboral no dan opción a otras vías de entrada de fondos en el hogar familiar, y lo único black que tienen no es una visa, sino un futuro-.
Ahora resulta, así nos lo acaba de decir una consejera desplazada de Pucela, que nada es como nos lo venían contando. Que el que pasa hambre, me imagino, y esto es de mi cosecha, que igual que el que no tiene curro, es porque quiere. Que el fin de sus penalidades alimenticias está a golpe de llamada de teléfono. Pero no se confundan. Milagros no les ha recomendado descolgar el teléfono para pedir una tres quesos a Telepizza. La solución de la consejera a la mala alimentación de la gente sin recursos está detrás del número de los servicios de la Junta, quienes raudos y veloces acudirán con la fiambrera de guardia para acabar con cualquier brote de hambruna .
Con una solución tan simple —no sé como no se nos ha ocurrido antes—, es de suponer que los niños que acuden cada día a clase sin una galleta para el recreo, una de dos, o sus padres no tienen saldo en la tarjeta del teléfono, o lo que están es siguiendo una de las dietas milagro al uso. También puede ser que haya sido ‘vicio’ lo de los treinta niños, no todos ellos con deficiencias nutricionales, que este verano han acudido al comedor escolar de Navaliegos. Y que los dos millares que comen gracias a la generosidad de todos y con la intermediación del banco de alimentos, sólo son el atrezzo de una crisis que nunca existió.
Por eso no es necesario ese cenador social que se empecinan en abrir en Ponferrada. En la Junta, ha tardado, pero se ha obrado el milagro, consiguiendo reeditar aquel de los panes y los peces, con lo que eso de apretarse el cinturón ha pasado a mejor vida. Ya hay barra libre para los parias. Para que luego digan que los milagros no existen.