PANORAMA
Bajo tierra
ARodrigo Rato, que por poco nos gobierna, le han salido imitadores subterráneos. Si los ricos también lloran, los pobres también roban y UGT y PSOE han expulsado al líder minero Fernández Villa, que ocultó al fisco 1,4 millones de euros.
Al llamado «líder histórico sindicalista», que iba en Audi a las barricadas, le han descubierto los «pozos negros» y le acusan de farsante. Hay calumnias verdaderas y este agitador de sufridos colegas está siendo acusado de ser demasiado listo. Total, por cobrar una pensión de 2.597 euros por un accidente en la mina que nunca se produjo y por lo tanto jamás estuvo allí y por ser bastante rico. Al sindicalista que cantaba eso de Soy minero lo han expulsado sus compañeros, que son precisamente los que nunca tuvo. A él le bastó con anudarse al cuello un pañuelo rojo y chillar mucho en la fiesta de Rodiezmo. Quizá si lo casaran con Ana Mato se nivelarían los descontentos.
Si a ella no le sorprendió ver un Jaguar en su jardín, ¿cómo va a asombrarle a él el balance de su cuenta corriente? Las vergüenzas nacionales no son cuestión de clase y abarcan a todos. ¿Qué es eso de que sólo tengan derecho a robar los ricos, que nunca se conforman con lo que tienen? Los humildes trabajadores, como Fernández Villa, que se visten de vaqueiros una vez al año, también tienen derecho a ordeñar la ubre del Estado.
El nuevo ministro de Justicia, que se hace cargo de las oxidadas balanzas, ha dicho que los «políticos deben cumplir un plus de exigencia ética», pero la honradez no admite grados. O se tiene o no se tiene
Lo mejor que les puede ocurrir a los nuevos líderes es que no se parezcan a los anteriores. Ni a los de Bankia ni a los de la mina.