Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

Creado:

Actualizado:

Una de las paradojas de la política ponferradina —que es, en sí, una continua paradoja desde hace año y medio— consiste en que los líderes de los dos partidos que sostienen la coalición que logró la alcaldía a través de una estrepitosa moción de censura, pueden ser adversarios muy pronto. Rivales duros, luchando por ser la primera autoridad de la capital del Bierzo. Una ciudad cada vez más famosa y por tres motivos: por la moción de censura del año pasado, por la ejemplar marcha de la Deportiva Ponferradina y por el Mundial de Ciclismo y sus cuentas misteriosas.

En estas brumas de otoño, y aunque parezca una humorada, o una provocación, se barrunta que en mayo de 2015 la lista socialista estará encabezada por Samuel Folgueral, actual alcalde. Para muchos –entre los que me hallo- no es una probabilidad, sino más bien una evidencia. En cuanto a la acera de enfrente, la lista popular podría estar encabezada no por el actual vicario de IAP en el consistorio, sino por el propio líder del partido y ex alcalde, Ismael Álvarez. Lo que sería una maravillosa vuelta de tuerca a la extrañeza que rige la urbe desde marzo de 2013. Casi literaria. Muy modestamente shakesperiana.

Ismael Álvarez fue un buen alcalde, eso pocos lo dudan. Remató muy bien la ingente y sólida labor que hizo desde el arranque democrático Celso López Gavela. Fue Ismael un hombre activo y optimista que tuvo ideas. Y supo convertirlas en realidad de un modo muy brillante. La ciudad fue transformada en pocos años; labor que continuó su sucesor Carlos López Riesco, quien puso más prestigio en la calle, más calidad. Si mi tío Celso fue el que tuvo que asfaltar las barriadas, hacer los colectores, la casa de la cultura, los juzgados y tantos edificios elementales, amén de parques y atender a los muchos pueblos del municipio —que es, en sí, una comarca—, Ismael le dio vuelo y prestancia a Ponferrada y Carlos López Riesco le dio cosmopolitismo y cultura. López Riesgo será recordado por la extraordinaria reforma del castillo y de su entorno. Sin olvidar el puente del centenario y otros logros en barrios y pedanías.

Ponferrada ha tenido buenos alcaldes y ahora uno de ellos quiere volver. Es legítimo, sin duda, pero también, visto lo visto, un tanto disparatado. A saber lo que pasará. Pero para atrevimiento el mío, porque yo creo que acaso lo mejor para la ciudad sería que, una vez pasen unas elecciones que van a atomizar el ayuntamiento ponferradino, socialistas y populares gobernaran conjuntamente. Siendo alcalde en ese caso el del partido más votado. Y todo ello como razonable muro ante el griterío que probablemente habrá enfrente. Con el chavista Podemos como gran esperanza blanca del nuevo populismo milagroso y con Izquierda Unida más o menos radical y utópica. Aunque, para utopía —cumplida— la de su representante en Bankia, el adinerado Moral Santín, berciano él.

Cargando contenidos...