Diario de León
Publicado por
JUAN CARLOS FRANCO
León

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Mientras, ajenos a la realidad que les rodea, la pareja de enfrente aprovecha los últimos calores del año para apaciguar en el banco del jardín sus ansias juveniles. Mientras por los montes de nuestra comarca los agentes de la ley y el orden han decidido poner coto a los desmanes de otros años en materia de robos de castañas. Y mientras nos lanzamos a dar rienda suelta a nuestra gula con la bendita excusa de nuestras jornadas pantagruélicas... las miserias que asolan por los cuatro costados a esta comarca nuestra apuntan a nuevos logros en forma de más cierres y ceses de actividad.

Como hace ya tiempo que la actividad industrial del Bierzo pasó a mejor vida (aunque todo puede ser susceptible de empeorar, y sino que se lo digan al sector del carbón y derivados eléctricos), ahora le ha llegado la hora de recibir la extremaunción a todas aquellas actividades paralelas que surgieron en tiempos de bonanza y que sin el paraguas protector de la administración están condenadas a desaparecer.

Actividades que, como la que ha venido realizando la ARMH —de la que se anuncia el inminente cierre de su laboratorio en el campus berciano por falta de fondos— contribuían a purgar la ponzoñosa herida que nos dejó un pasado muy mal restañado. Seguramente hay otras que, a buen seguro, merecerían ser destacadas por el riesgo de colapso que su pérdida supondría para nuestra desequilibrada sociedad, pero en estos días que se avecinan en los que los difuntos, con el permiso de los Pujol y las cuentas del Mundial de Ciclismo, volverán a ser protagonistas, merecen, al menos, un tiempo de reflexión.

Y es que, un país en el que sus muertos no descansan en paz, y sobre todo, en el que quien tiene en su mano hacer justicia mira para otro lado, nunca podrá encarar el futuro sin recelo.

Nos preparamos para zambullirnos en días de difuntos. Días en los que los más jóvenes disfrutarán de esa fiesta yanqui del ‘truco o trato’, en Narayola contraprogramarán tal celebración con sus noches del terror, y quien más quien menos se dejará caer por el cementerio para acordarnos de nuestros muertos. Sin embargo no todos podrán llevar flores al camposanto. Algunos, en el mejor de los casos, podrán hacerlo a la cuneta donde creen que se encuentran los restos de su abuelo. Otros, ni eso. Siguen purgando sus culpas por haber estado en el bando perdedor.

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