PANORAMA
La caravana pasa
La red estaba bien urdida, pero quizá no haya que mezclar en el cupo a los tiburones con los chanquetes. La primera estirpe acuática está formada por los grandes depredadores y la segunda por esa calderilla del mar, como en la humana diferenciación de don Jorge Manrique, que establece «lo que, por no tener, con oficios indebidos se mantiene».
Todo eso ha variado en el transcurso del tiempo irreparable. Nuestros más acreditados ladrones son los ricos. Por cada Casa del Pueblo o por su cargo en la Comunidad de Madrid, castillo famoso custodiado últimamente por Esperanza Aguirre que ya no puede decir que alguna almena sea suya.
En la por ahora última redada han sido detenidos cincuenta alcaldes y algunos concejales que aspiraban a sustituirlos, antes de que hubieran arramplado con todo y no dejaran nada para ellos. Lo que solemos llamar «la red delictiva» es bastante estúpida: la prueba es que los cazan.
En España los mejores ladrones jamás han sido acusados de robar. Delegan en otros y nadie les pide cuentas del reparto. Allá ellos. ¿Qué sería de nosotros sin la Guardia Civil? No estamos cívicamente civilizados y además hemos bajado la guardia.
Los políticos y los empresarios, naturalmente no todos, ya que la unanimidad es realmente difícil, han creado una extensa red delictiva por donde podían colocarse los peces menores.
En algunos mercados se exhiben ejemplares de mediano tamaño, ya que se investigan negocios ilícitos sólo por 250 millones de euros y además en los dos años anteriores. Conviene proseguir las pesquisas más allá de lo que se llamó ‘Borbón y cuenta nueva’.
El último golfante que está de moda es Francisco Granados, que tiene dos cuentas en Suiza como otros tantos patriotas.
Una de ellas la utilizó para evadir sus improbables ganancias en Bolsa y otra la compartía con uno de esos empresarios que la han emprendido con arruinar España.
Los vemos pasar en caravanas mientras los perros ladran después de llevarse su mordida.