AQUÍ TE ESPERO
Money, money
Es lo que mueve el mundo. Ya lo decía Quevedo, si en el Siglo de Oro era «poderoso caballero», en el actual Siglo de la Corrupción es omnipotente, aunque no caballero, sino villano. Pues en plena trama dineraria, por un quítame allá esas concesiones para dárselas a este amiguete, tiene si cabe mayor valor la actitud desprendida, rara avis. Porque lo normal —que ahora es moda— es dar puntada aunque haga mucho que se nos acabó el hilo. Y si cualquiera puede disculpar al que roba para comer, no se entiende al que tiene el riñón forrado y sigue con un ansia y afán desmedido de acumular, cual Tío Gilito que sólo es feliz al ver el montón incontable que posee.
A otros niveles también da rabia que quien nos gobierna demuestre que lo primero es el dinero. En las dos últimas semanas se han asfaltado varias calles de nuestra ciudad. Si eso ha supuesto molestias para los ciudadanos no importa. Avisé que se hiciera en verano, cuando no hay colegios, pero tuvieron que esperar a que comenzaran las clases y lloviera para que con los atascos nos diéramos cuenta de lo que hacían. Y por si fuera poco, aunque colocaron carteles avisando de que no se aparcara un día concreto, en algunos casos se retrasó la fecha y al que le moleste que se aguante. Y por si fuera poco, la segunda taza se retrasa (era menos molestia al día siguiente) en forma de pintura. Dio igual si no estaban pintados los pasos de cebra y la separación de carriles o las flechas. Dio igual si los que visitan nuestra ciudad se vuelven locos al no saber si pueden o no girar en una calle. Dio igual todo, menos el dinero. Las rayas azules de la ORA y las paradas de autobús se pintaron a velocidad de la luz (alguna calle en el mismo día o a la mañana siguiente), el resto, que esperen.
Luego se molestan cuando escuchan que no tienen más que afán recaudatorio. Pero lo cierto es que si hay dinero por medio las cosas se hacen más rápido que cuando sólo suponen un beneficio para la comunidad. La gallina de los huevos de oro que para ellos somos el comun de vecinos, ya está desplumada y famélica. Lo más seguro es que pronto deje de poner y entonces ¿qué va a ser de ellos? Tan ocupados están en pensar cómo pueden aumentar la recaudación que no se han parado a pensar en la salud de la gallina. Y mientras nos cuentan que todo lo hacen por nosotros, sin enterarse de que ya no les creemos. Lo peor es que pienso que esto no ha hecho sino empezar.