SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA
La justicia y nuestras mejores plumas
Las críticas a la justicia son un hecho cierto y tradicional en nuestra España. Si se pierde la perspectiva histórica, se tiende a creer que las desgracias y sinsabores que padecemos son flor de un día y además, si cabe, más injustas por la falta de precedentes y mala suerte por el hecho de que nos toquen a nosotros.
Digo que en materia de justicia y justiciables las opiniones van por barrios y cuando una sentencia nos es favorable todos afirmamos confiar en ella y cuando no es tan positivo el resultado surgen las críticas y disgustos. Pues aunque el asentado criticismo hacia la justicia pudiera parecer algo novedoso y propio de la modernidad, algunos de nuestros más ilustres escritores no estarían de acuerdo con esta afirmación.
Ni más ni menos que don Miguel de Cervantes podría dar fe de que los sinsabores que la pretensión de justicia pueden provocar en el alma y carnes de quienes tienen que lidiar con ella son agrios o cuando menos difíciles de encajar. Sus encuentros con la justicia comenzaron en 1569 cuando fue arrestado por herir a un tal Antonio Segura con su espada. Tras varias vicisitudes no muy agradables con las autoridades religiosas quienes también impartían justicia, fue encarcelado en otras tres ocasiones más. Una de ellas motivada por una acusación relacionada con su trabajo de recaudador de impuestos. No cuenta el encarcelamiento que sufrió bajo el Turco pues nada tenía que ver con actos más o menos próximos a la delincuencia por parte de tan señero personaje, sino fruto de su noble condición de soldado.
No era rencoroso don Miguel pero sí que no tenía motivos para estar muy satisfecho de su relación con la administración justicia que le tocó vivir. Así en El Quijote trata de viles a los cuadrilleros de la Santa Hermandad quienes eran los encargados de impartir justicia en las zonas rurales de la época. Opinión refrendada por otros autores que consideran que historia de la Santa hermandad está llena de accidentes entre ellos la corrupción y el abuso.
Pero la experiencia personal de don Miguel no le impidió dar consejos a través de don Quijote de lo que debe entenderse por justicia. Así, este último dirigiéndose a Sancho Panza le dice que para impartir justicia esta debe ser buscada sin pausa y desentrañada de lo que las partes expongan ante el árbitro. No tener en cuenta por parte de este último dádivas, promesas o lamentos. El juez debe ser más comprensivo que riguroso, no debe dejarse influir por posible enemistad ni belleza que pudieran cegar su sensatez.
Más belicoso se mostró don Francisco Quevedo con la justicia. Ligero de pluma y espada, con la primera atacaba y con la segunda remataba. Desterrado en dos ocasiones y huésped de mérito en San Marcos. No fue pues, ajena la cárcel a sus huesos. Algo rencoroso don Francisco en pago por los servicios prestados, le dedicó un soneto a la justicia que precisamente no es un repertorio de bienaventuranzas.
No estás justificada, sino fea; escribió, también la acusa de ser feroz y no ajustada y sus balanzas son homicidas. A don Francisco, parece ser que algo pendenciero e intrigante, le debieron sentar muy mal las condenas que en aplicación de la justicia recayeron sobre su persona. A él se le atribuyen frases como «Donde hay poca justicia es peligroso tener razón» y «Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez».
Si discutible puede ser el enfado de don Francisco con la justicia de su tiempo, sirva para entender mejor su pensamiento al respecto esta otra frase suya: «Quien deja vivo al ofendido, ha de temer siempre la venganza». Hombre expeditivo sin duda, tanto en las letras como en las armas.
Los reclamos a la justicia, son, como puede apreciarse antiguos y es que es condición humana revelarse ante el hecho de que nuestras más importantes causas deban ser dilucidadas por juez imparcial en buena liz frente a nuestro oponente, cuando lo que nos apetece es quebrar los huesos del contrario o al menos ser nosotros juez y parte asegurándonos un resultado favorable a nuestros intereses.
España es cuna de grandes juristas y normalmente los jueces dictan magníficas sentencias, otras no tan buenas, es humano, pero lo mismo que somos un país capaz de generar las mayores controversias, somos capaces, quizás por lo mismo, de encontrar cauces jurídicos para resolverlas. Esto aporta mucha seguridad a la convivencia. Me quedo con la actitud de don Miguel que aún sufriendo el rigor de la justicia nunca perdió la fe en ella y sobretodo de una justicia justa. Quizás estuviera influenciado por ser franciscano seglar y buscar más allá de la apariencia de las cosas, tratando de encontrar la paz y el bien.