Diario de León
Publicado por
alfonso garcía
León

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Compartir es una de las mayores necesidades actuales. A todos los niveles y al margen del sentido solidario del que gozamos los españoles en este momento en que el análisis de la sociedad concluye en una visión cada vez más individualista que conduce a una progresiva soledad. Por eso quiero compartir, en pequeñas dosis, algunos pensamientos de lecturas recientes. El filósofo norteamericano Dan Dennett ha predicho que Internet acabará viniéndose abajo y viviremos una ola de pánico al comprobar que nada funciona. Tendrá que ver, sin duda, con la globalización, respecto a la cual sostiene Friedman que había hecho un mundo llano, caminable. Y presumíamos de ello. A la menor dificultad, sin embargo —caso del ébola reciente— se levantan muros y se cavan zanjas. Quizá estas palabras de J. M. Caballero Bonald expliquen algo: «En la sala de juntas del piso 32 hay un mapa del mundo donde un pulcro edecán ha ido marcando líneas isobélicas, órbitas combustibles, zonas utilitarias de exterminio». Uno no puede por menos que recordar, con cierta benevolencia como deseo, una célebre frase de Hegel: «Un geniecillo irónico maneja los hilos de la historia».

Recurro ahora a las últimas notas tomadas en mi libreta de pensamientos/ocurrencias. Falta el contexto en que están escritas, pero aquí quedan: El relativismo puede tener siempre una perspectiva intelectual, pero nunca ética. Es necesario insistir en esta prueba de nuestra puesta en escena en un mundo sin demasiadas referencias y pocos escrúpulos. La conciencia puede y debe ser en algunos casos una raíz para la insurrección y la rebeldía. La prescripción es una figura jurídica cuyo alcance hay que limar en el caso de la dolorosa e inhumana ferocidad de la corrupción española. Corrupción militar también. De siempre. Pero ¿por qué hay una justicia, al margen de la ciudadanía, que permite movimientos impensables desde otras ópticas? El estado del bienestar parece la utopía capitalista que sustituye a la utopía comunista. Mal asunto esperar al futuro para lamentarse del pasado. Gracias a que existe el olvido hay cierto orden en las cosas.

Quiero acabar con dos referencias sobre la cultura, tan sacralizada hasta ahora. Víctor Márquez Reviriego pone en boca de Julio Caro Baroja (la «Auténtica entrevista falsa», revista Leer, septiembre): «La llamada vida cultural es un horno calentado por la vanidad y el pobre afán de situarse donde vale todo y abundan los merluzos». Quizá esto se explique algo más por la llamativa idea de Esteban Hernández en un interesante artículo de la revista Texturas (septiembre): «La cultura no es importante porque no informa de cambios sociales, ni es tomada por las clases acomodadas como elemento diferenciador, ni es vista como potencialmente útil para el desarrollo del ser humano».

En la variedad, el gusto y la capacidad de reflexión múltiple.

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