EDITORIAL
Control frente al daño de los aficionados a la historia
La provincia de León tiene una singular riqueza en su subsuelo que reclama más atención. Existe un legado histórico que parte desde la prehistoria y que tiene especial relieve en algunas etapas como la castreña, la romana o la medieval. Hay decenas, quizás cientos de yacimientos sin excavar ya que las limitaciones en la investigación histórica siempre han sido muy importantes porque se requieren las garantías de una excavación rigurosa y realizada por profesionales.
Ahora llega el caso de La Válgoma y parece razonable que la Junta abra expediente sancionador por infracción muy grave contra Patrimonio. Un particular no puede afrotar una excavación por su cuenta, ni siquiera cuando tiene el respaldo de haber realizado importantes estudios sobre esa zona. Existen unas limitaciones que deben cumplirse siempre porque lo primero que debe primar en un yacimiento arqueológico es el criterio técnico que evite cualquier tipo de daño irreparable. La ley establece desde hace mucho tiempo los criterios por lo que debe regirse cualquier tipo de investigación sobre el terreno y lo hace prescisamente para evitar lo ocurrido en esta localidad berciana. Es imprescindible un control riguroso que impida a los aficionados actuar a su libre albedrío en los yacimientos, incluso aunque se traten de elementos de valor relativo como en este antiguo cementerio que los expertos han datado finalmente como medieval.
Ya ese dato pone en evidencia que algo se hace mal cuando el aficionado que desentierra el yacimiento anuncia que ha encontrado restos castreños y los técnicos datan un error de muchos siglos y desplazan su origen hasta la Edad Media.
La Junta debe actuar en este tipo de episodios como fórmula que evite la actuación de los aficionados que, actuando normalmente de buena fe, dañan el patrimonio de todos.