Diario de León
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DIEGO CARCEDO
León

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El ejemplo del error de poner a un zorro a cuidar el gallinero está siendo muy mentado estos días en los ambientes políticos comunitarios y de manera especial en Bruselas, en la propia Comisión. Aunque nadie ignoraba que Luxemburgo ha sido y es un paraíso fiscal, condición a la que en buena medida debe su prosperidad, ha causado verdadera consternación la noticia de que más de trescientas empresas multinacionales pactaron tratos fiscales de favor con su Gobierno cuando el primer ministro era Jean-Claude Juncker, el presidente comunitario.

Uno de los problemas en los que la política europea encalla de manera habitual es en el intento -una necesidad compartida de boquilla por todos-, de establecer una armonización fiscal que iguale a los Veintiocho. Una actuación como la que ha venido manteniendo Luxemburgo se vuelve discriminatoria, injusta respecto a los demás socios, establece una competencia desleal ante la búsqueda de inversiones y penaliza a las haciendas públicas de los países donde están radicadas las empresas que desarrollan actividad en su territorio y tributan fuera. Juncker, acosado por las críticas, ya reconoció que había sido él quien avaló estas concesiones fiscales a empresas foráneas pero achacó a los técnicos la ingeniería fiscal que lo facilitó. Una disculpa pobretona que difícilmente le salva de este estigma para la imagen con la que acaba de estrenar Presidencia. La impresión general es que con Juncker al frente difícilmente la Comisión va a empeñarse en firme a resolver la carencia de una armonización fiscal.

Es más, no faltan analistas de la actividad cotidiana comunitaria que opinan que si este dato hubiese trascendido unos meses atrás, su elección por el Europarlamento habría sido, cuando menos, más ajustada o habría peligrado. Aunque la memoria política es fugaz, este detalle de su pasado reciente seguramente lastrará su gestión y proporcionará argumentos a sus adversarios para criticarla. La existencia de paraísos fiscales es un problema sobre el que se debate un día sí y otro también en los foros internacionales, incluidos los comunitarios, sin que se encuentre la forma de ponerle el cascabel al gato.

Los miembros de la UE lejos de haberle hecho frente con determinación, no están libres de la competencia que crean los paraísos fiscales dentro de su propio ámbito. Antes al contrario. Luxemburgo no es el único ni quizás el más agresivo. Hay otros lugares mejores para refugiar dinero de origen poco claro, además de Suiza, y evadir impuestos. Son los conocidos como «vecinos incómodos». Varios están bajo el paraguas británico, por ejemplo Gibraltar o las islas del Canal, y otros son países soberanos, como Chipre, aparte de los estados liliputienses —Andorra, Mónaco, o Liechtenstein— cuya soberanía les vuelve poco menos que intocables.

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