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¿Ayuntamientos sin control? La fatal ocasión de Carmen Busmayor

Publicado por
Alejandro de Diego Gómez. Secretario de Administración Local Venancio Iglesias MartínEZ. CAtedrático de literatura
León

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E stos días, con motivo de la Operación Púnica, se están publicando algunas inexactitudes sobre la supuesta falta de controles en los Ayuntamientos.

?En primer lugar estoy seguro de que las investigaciones acreditarán que la mayor parte de las actuaciones se produjeron a espaldas de los ayuntamientos. Es como lo de intentar justificar la inexistencia de dinero negro con declaraciones de renta cuando ni el dinero negro se declara a Hacienda ni los actos de corrupción se incorporan al procedimiento administrativo.

Por lo que se refiere a los controles internos, en la Administración Local existen unos funcionarios con Habilitación Nacional, en cuyo nombre no hablo al no ser su representante sino en el mío propio como perteneciente a este colectivo, que son: Secretarios, que se encargan del asesoramiento legal; Interventores, que ejercen el control y fiscalización de la gestión económico-financiera y presupuestaria; y Tesoreros, a cuyo cargo está la contabilidad, tesorería y recaudación. Su nombramiento no lo hacen los alcaldes, como se ha dicho, sino el Estado tras superar un proceso selectivo, aunque para algunas de sus situaciones tienen competencia las comunidades autónomas, pero a donde no pertenecen es a los ayuntamientos por considerar, en su origen, que esto era una garantía de independencia.

Estos funcionarios existen en todos los ayuntamientos, aunque es verdad que en casi 9 de cada 10, los de menos de 5.000 habitantes, sólo hay uno que ejerce a la vez de secretario y de interventor. Y en muchos casos el mismo tiene que atender a varios ayuntamientos, ya que 3.863 no llegan a 500 habitantes y 470 ni siquiera a 50.

Sin embargo, a pesar de no ser funcionarios municipales, sus retribuciones las fijan los ayuntamientos entre máximos y mínimos fijados por Presupuestos del Estado, con cuyas horquillas y algún complemento pueden jugar, y nunca mejor dicho, con lo que el primer jaque a esa independencia es su dependencia económica del órgano a fiscalizar.

Por otra parte aunque no los nombran sí intervienen en la elección del que ha de cubrir el puesto a través de unos baremos de méritos sin ningún sentido ni justificación, desde mi punto de vista, ya que en muchas ocasiones son catálogos interesados cuando todos han estudiado una carrera y aprobado una oposición y están capacitados para estar en cualquier Ayuntamiento, pues los retos que se les puedan plantear están en los libros y en las leyes, que son su especialidad. Y si hablamos de las capitales de provincia, autonómicas o ciudades de más de 75.000 habitantes aquí son por libre designación, lo cual aún tiene menos sentido ya que no son personal de confianza, llevando aparejado el libre cese, por lo que a su dependencia económica se suma la dependencia en su estabilidad laboral.

Y a pesar de esos condicionantes la inmensa mayoría cumplen escrupulosamente con sus obligaciones, así como también la inmensa mayoría de los alcaldes atienden a sus requerimientos, pues por muy escandalosos que nos parezcan esos casos no son representativos de la realidad de los 8.119 Ayuntamientos que hay en España.

Entonces ¿por qué fallan, supuestamente, los controles en algunos casos? Pues porque seguramente los expedientes tienen visos de legalidad, ya que, como dije, las trampas se hacen por detrás, pero en cualquier caso porque los reparos que puedan poner estos funcionarios no tienen carácter suspensivo, teniendo la impresión algunos de que aunque se los salten no pasa nada, lo cual es verdad si nadie acude al juzgado o se monta una operación de éstas, pues por lo que le toca al Tribunal de Cuentas su fiscalización se produce muchas veces cuando los posibles delitos económicos o contables han prescrito o están a punto de hacerlo.

Cuando si esos reparos tuvieran carácter suspensivo, estableciendo un procedimiento ágil, rápido y sumario para la resolución de discrepancias, cualquier perjuicio que se pudiera invocar por culpa de esa suspensión ante una duda sobre la legalidad del acto siempre sería mucho menor que el daño que pueda llegar a hacer la ejecución de un acto efectivamente ilegal. Pero cada vez que se habla de esto aparece la oposición de los partidos políticos en general ante un supuesto ataque a la autonomía local. No hay más que leer las Actas de Sesiones en la tramitación de la Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local, repasar las declaraciones hechas desde las federaciones de municipios o leer algunos titulares de prensa de este mismo año donde se culpaba a los Interventores no se sabe de qué que no sea cumplir la Ley.

Los procedimientos de control interno en los ayuntamientos existen, los funcionarios encargados de la fiscalización también, aunque es necesario garantizar su independencia, por lo que si se quiere atajar la corrupción aquí solamente hay que poner los mecanismos e instrumentos necesarios para que esos controles sean eficientes, eficaces y efectivos. Sólo el cumplimiento de la Ley garantiza el funcionamiento democrático de cualquier Administración Pública. Y un Ayuntamiento lo es.

E n los tiempos que corren, no estaría mal elaborar un manual de éxito, adecuado sin duda, para el que desea poner digno término a una vida en la que las horas de grandeza pasada, ya no compensan de la miseria de los minutos inmediatamente venideros.

Si hubiera que hacerlo, si algún departamento ministerial quisiera hacer ese servicio, convendría que el encargado se aprendiese de memoria este libro de Carmen Busmayor Historias de la fatal ocasión publicado en 2008. Un libro casi de oración en el que un alma sensible entra en la habitación del artista suicida.

No hay muchos libros que guarden esa conversación que dura en el crepúsculo y se extingue a la media noche, la conversación acerca de lo que todavía se puede decir dulcemente, porque dulcemente el sol se hunde, y de lo que a tientas debe resonar en la noche como una balada que termina, se quiebra la voz y sucede el silencio. «Un destino fatal vengo a anunciaros» sería un cacoangelio, la noticia mala de un saber de la muerte y su inevitabilidad, noticia de la que todo el mundo está al tanto. Más que profecía, sería una invitación a constatar la personalísima manera que cada cual tiene de encarar la vida, y también la muerte como acto último de vivir. No, no hay profecía.

Un profeta es quien anuncia la palabra con la palabra, y la palabra misma es el contenido del anuncio, la carne hecha palabra, la poesía, pero ya no hay profetas sino complicados mecanismos con ingentes avalanchas de información que anuncian al hombre el silencio progresivo, la parálisis cerebral. Sólo quedan unos pocos que llamamos poetas. Lo vio Carmen estudiando filología, lo vivió la poetisa cuidando con ternura de su madre que se perdió poquito a poco en los oscuros pasillos del palacio sin esquinas del Alzheimer. Esa cercanía de la muerte debió de despertar en ella un afán delicado de aproximación a la fatal ocasión, ese círculo mágico-dorado de luz, desde el que se ingresa sin temor en la noche, cortando el diálogo. ¡Fascinación de la muerte!

Poesía de ¿qué pasó, cómo fue? es este poemario que ni tiene ni pide respuestas sino que regala intuiciones. Poeta de poetas, metapoesía, su poesía. Con la acertada voz de Colinas: poema de poemas, vida de vidas es este libro. En cada poema, Carmen se acerca al poeta recién muerto y parece percibir el perfume del ramo de rosas que fue su soledad y su vida. Todavía parecen resonar en el alma de Carmen, las palabras que dan pistas sobre las últimas vivencias antes de la fatal ocasión. La belleza de aquella vida se cierra así en el alma de la poetisa, borrando todo lo que de sórdido pudiera haber en el paso último del suicida.

En cada poema se respira la bella dramática atmósfera que respirara el suicida, y los versos, dedos son de marfil que cierran, llenos de misericordiosa dulzura, los ojos de los poetas muertos con una secreta promesa: «he asistido al tránsito trataré de ser fiel heredera de vuestra mirada sobre el mundo». ¿Qué mayor homenaje que recoger la mirada y que los amigos muertos sigan contemplando el mundo por sus ojos? Ojos de los ojos ciegos. Lazarillo de quien todavía parece tantear en la noche. Peregrina de la luz, lazarillo de la palabra «no», testigo de la emociones más peligrosas, esta poetisa ha sentido en su mano la mano de los poetas que ingresaron en la noche con la fascinación de la «dama esquiva» en el alma.

Los versos rotos o prolongados en prosa, los espacios, la sangría francesa, los versículos-tic-tac-de-reloj-fatal —«hoy estoy para penas solamente»—, las frases de difícil articulación y las imágenes que han perdido toda evidencia...

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Los versos de este poemario tienen una rara virtud: nos hacen olvidar a la poetisa y nos permiten asomarnos por sus ojos claros a otras almas, iluminadas por el resplandor de lo fatal.